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De abogada a maestra, de ganar juicios a evitarlos

Soy Elisabet Prieto, seguramente no me conozcáis, por ello me presento. Tengo 34 años, madre de dos niñas, de profesión abogada y de vocación profesora.

Por ello, todos me preguntan, ¿alguien con experiencia letrada en un colegio? Un abogado no destaca solamente por sus conocimientos técnicos, sino por su actitud reflexiva frente a cualquier situación y por la capacidad de mediación en conflictos entre personas. Por ello puede llegar a ser muy positivo tanto en la práctica pedagógica como en la relación con las familias y alumnos. En todas las empresas los equipos son multidisciplinares, están compuestos por perfiles diversos aportando su magia y así poder llegar al objetivo común. No se trata de juzgar, ni de solucionar todo lo que pase sino aportar un granito de arena más para fomentar el buen crecimiento hacia la edad adulta. ¿Por qué en el mundo educativo se respira cierto recelo a tener profesores que vengan de otras especialidades? ¿No es precisamente lo que queremos que perciban los alumnos? Cada vez más, queremos que los niños se nutran de los beneficios que aporta la diversidad, la igualdad, los no prejuicios, pero como siempre, los adultos no predicamos con el ejemplo.

Me decanté estudiar derecho por una experiencia personal en la que prometí que de mayor lucharía para que no hubiera injusticias. Crecí, intenté cumplir mi promesa, y aprendí también que la justicia a veces es injusta. Fui madre y entonces entendí que todo estaba más cerca de lo que creía. Ayudar no era solucionar, y solucionar no era ganar. ¿De qué me servía ganar juicios y conseguir indemnizaciones para las personas y familias víctimas de un sinfín de delitos? A esos padres que nadie les va a conseguir devolver la vida de ese hijo que murió en un accidente de tráfico por culpa de un conductor ebrio. Y a esa chica que fue violada, la indemnización no le va a quitar la atrocidad que vivió. La justicia puede ayudar a disminuir la repetición de hechos delictivos, pero en mi opinión el verdadero poder de frenar estas situaciones en un futuro es la educación, fomentando desde la infancia los derechos humanos, el pensamiento crítico, la resolución de problemas, y la justicia social.

En casi todos los pleitos he visto como el problema se hacía más y más grande por las faltas de respeto, de diálogo, de sinceridad, además de la ausencia de empatía y comprensión, en definitiva, la falta de educación.

Cierto es que mis conocimientos teóricos pueden ser de ayuda para el centro escolar, puesto que parece ser que, cada día aparecen nuevos términos por prácticas peligrosas y/o directamente delictivas que rodean a los menores, como por ejemplo el fraping, sexting, catfish, movbing, bullying, grooming o happy slapping, phishing, pharming, hacking, crackin, etc. Pero son las experiencias vividas a través de los expedientes gestionados las que pueden favorecer al desarrollo de medidas encaminadas a la prevención de conflictos.

Todos nacemos siendo inocentes y es en el mundo donde aprendemos a comportarnos. Todos tenemos algo en común, y es que antes o después, a todos, la vida nos presenta las mismas situaciones, y somos nosotros los que decidimos que camino elegir. ¿Quién no ha sufrido la muerte de un familiar? ¿Quién no ha tenido acceso a la compra de drogas? ¿A quién no le han insultado alguna vez? ¿Quién no ha sido discriminado en alguna ocasión? ¿Quién no ha tenido miedo alguna vez andando por la calle? ¿Quién no ha sufrido una ruptura amorosa? TODOS, absolutamente todos hemos pasado por las mismas situaciones. He visto la multitud de menores intentando asumir las dificultades de manera muy diferentes, y es ahí donde nuestro cerebro también tiene que recurrir a lo aprendido. Es necesario aprender a pedir ayuda, hablar de los problemas, tomar consciencia de las emociones y, a quererse a uno mismo. Se necesita saber ayudar de manera desinteresada, hablar con respeto, eliminar etiquetas, y ser empáticos.  Tiene que desaparecer el postureo, la felicidad perfecta, los chantajes emocionales encubiertos y la justicia simulada, que como dijo Platón es la peor forma de injusticia.

En el despacho me he encontrado muchas situaciones de todos los colores, y como madre también. Veo desconfianzas mutuas entre familias y profesorado, compitiendo entre ellos. Se triangula al menor, cuando la realidad es que necesitamos ser y hacer equipo.

Debemos asumir responsabilidades, aceptar que existen problemas que nos causan malestar a nosotros y a los que nos rodean. Adquirir responsabilidades cotidianas según la edad para fomentar la adquisición de estrategias para el pensamiento crítico y la resolución de problemas. Porque tal y como dijo Peter Druker, “la mejor forma de predecir el futuro es crearlo”.

Como estilo de vida apuesto por “no hacer ni decir a los demás aquello que no quiero ni me gustaría que me dijeran o me hicieran a mí”. ¿Parece fácil verdad? Pues no está de moda. No puedo ni pretendo cambiar el mundo, no se trata de ser mejores o peores, sino de tener unos valores y ser consecuentes con ellos.

Creo en las segundas oportunidades, en los valientes, en los que se reinventan para mejorar día a día, en los que se caen y se levantan, en los que ayudan, y creo en mí.

Quiero seguir cumpliendo la promesa que hice; mi camino, mi objetivo y mi fin siguen siendo el mismo.  Los niños pequeños absorben lo que ven, aprenden de lo que les rodea, y es que ya me lo decía mi abuela, el mejor legado que dejas es aquel que previamente enseñas, así que predica con el ejemplo.

Yo no quiero ganar juicios, sino evitarlos, y para eso solo hay una solución.

LA SOLUCIÓN ESTÁ EN LA EDUCACIÓN.

A lo mejor estoy perdiendo el juicio, pero #Yo apuesto por el cambio, y tú?

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Elisabet Prieto

licenciada en Derecho, especializada en Derecho en penal, menores, violencia doméstica y de género, así como también en derecho de familia. Posteriormente, se graduó en Educación Primaria con la mención de audición y lenguaje (UNIR). Durante 11 años se ha dedicado a la abogacía con gran pasión, y ahora está en la búsqueda de un nuevo proyecto relacionado con el sector de educación, que considera su auténtica vocación, y al que desea dedicar su vida laboral.

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