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Educación

De la calificación numérica a la evaluación formativa

Saliendo de la caverna...

Introducción:

¿Qué entendemos por educación?

Preguntarse por el sentido de la educación en tiempos de incertidumbre, en tiempos de pandemia no deja de ser una pregunta valiosa, una pregunta poderosamente ética. La educación además de ser un derecho connatural al hombre por su dignidad humana; es un acto educativo que se orienta al conocimiento del Bien. Por ende quien educa y es educado debería ser feliz. La tarea docente es una misión moral orientada a un fin supremo.

Pero muchos alumnos y educadores, no lo terminan siendo, se les hace inaccesible alcanzar la felicidad y otros medios menores como la calificación numérica o la aprobación terminan siendo el fin último. Entonces se comienza a dotar de otro sentido a la escuela, considerándola un lugar donde se aprende pero no se vive lo que se aprendió. La disociación entre aprendizaje y vida cotidiana es una “realidad patológica” que se da por real. Una caverna en la que viven muchos alumnos, docentes y hasta padres. Incluso algunos de ellos ya perciben que algo “no anda bien”, que una cosa es el discurso escolar y otra la vida diaria.

Se percibe que se enseña diferente a cómo se vive. Incluso los alumnos aseveran que responden lo que los docentes quieren escuchar pero lo que dicen no es lo que creen o piensan. Entonces como educadores, personas capaces de verdad, se debería hacer algo con esas “sombras de objetos” o sea aquellos pseudos aprendizajes que solo sirven para acreditar espacios curriculares pero no para vivir ni mucho menos para alcanzar un fin último.

Constituye un mal moral, no recoger en la reflexión esos discursos y prácticas escolares que testimonian un estado de caverna o sea en situación de encierro o si se quiere de autosecuestro. Debatir qué se podría modificar de la enseñanza en las escuelas, cuáles son los intereses reales de los alumnos. Poner el ojo sobre los alumnos-prisioneros que manifiestan rechazo a la pretendido estado de domesticación del sistema educativo, sobre los que se duerme en clases, sobre aquellos que molestan, sobre los alumnos que exceden las faltas, sobre el que está solo en el fondo del aula, como también los alumnos que desaprueba todas las evaluaciones. Todos ellos quieren decir algo. Esos alumnos portan un saber no legitimado por estado de sitio o de caverna en las que se encuentran en las aulas.

Tomando la alegoría de la caverna de Platón como lente de análisis, se puede argumentar que en muchos aspectos de la vida diaria, las escuelas, la gestión institucional, se encuentran en estado de caverna. En estado de no –ser. La dóxa (opinión) ha ganado el discurso escolar y por ende ha oscurecido la luz del saber, de la realidad, del mundo del Ser.

Desarrollo

Prácticas educativas que favorecen la construcción del conocimiento

1 – La evaluación educativa

En esta ocasión de la presente escritura, pretendo hacer foco en una práctica educativa, como  es la dimensión evaluativa de la educación. Y surge otra pregunta ética poderosa: ¿Qué es  evaluar? Se analiza si se evalúa al alumno, sus limitaciones o sus los logros. Si la nota numérica  tiene por objetivo informar o determinar al alumno. Invito a ver tras la alegoría de la caverna,  lo que los docentes hacen con los alumnos y lo que ellos posibilitan o resisten de las prácticas  escolares. 

PRIMER MOMENTO: el adentro de la caverna 

Se describe cómo se perciben los alumnos respecto de la evaluación en su vida escolar diaria.  Y lo comparamos con la “vida” de los prisioneros dentro de la caverna. 

Sostiene Laura Lewin, una figura reconocida en el escenario educativo que si un  docente narra cómo enseñas, se puede deducir cómo es que evalúa. A simple vista  parece un eslogan de marketing educativo pero visto con ojos pedagógicos nos ayuda  a desnudar un dilema que se vive en las escuelas, en las aulas. Que no tendría que ser  vivido como tal pero que hacerlo visible destapa cuestiones de urgencia educativa. 

 El estado de situación de la caverna arroja: 

*Los docentes que enseñan pero cada cierre de trimestre pareciera que el mundo se  detiene porque hay que evaluar. El acto evaluativo se vive como sinónimo de conflictos  y tensiones. 

* Los alumnos que sienten que “de vez en cuando en su rutina escolar ,llegan las  pruebas” y así comienza el diseño de machetes o largas noches sin dormir con intentos  sobrehumanos por memorizar todo lo que dice el libro o lo que cree que para el  docente es importante. 

* Los padres que ayudan a sus hijos en esa tarea de estudiar para la prueba o en su  defecto, cuestionan a posteriori el por qué de la no aprobación.

*Los Directivos que se posicionan en zona de combate con armaduras para evitar los  cuestionamientos de padres, las quejas de alumnos, el hastío de los docentes que  viven ese cuestionamiento o la observancia de inspectores en la que muchas veces  bajo una mirada cuantitativa sostienen que hay aprendizaje si cierran los números de  aprobados. Restando valor de análisis a las estrategias empleadas por los docentes,  el plan de mejora que se implementó, el seguimiento del proceso evaluativo, cómo de  los logros alcanzados. Queda la sensación de una mirada deficiente anclada en el  aspecto meramente cuantitativo: cantidad de alumnos aprobados versus cantidad de  alumnos desaprobados. 

El ambiente de la caverna se siente a punto de saturación por las prácticas escolares  cotidianas que se viven de forma naturalizada. Si bien en la alegoría, los prisioneros se  encontraban amarrados a sus sillas con cadenas, en comparación, los alumnos se  encuentran en el mismo estado pero bajo otros amarres, por ejemplo diciendo o  escribiendo lo que el docente quiere escuchar, buscar “zafar” como dicen  habitualmente sin importar si se aprendió o no, aprobar por alguna recompensa de  sus padres. De esta manera la práctica evaluativa no tiende al bien. Porque genera  medios dependientes en los alumnos y no un real y sentido aprendizaje incluso de  aquellos que lograron obtener buenas calificaciones. La evaluación se encuentra  ausente, vacía de un sentido último. No solo en los alumnos sino en los padres y  docentes. 

 El vacío que presenta la evaluativa tiene nombre y se llama la calificación o en  palabras más usual: la nota. Ésta es el fuego que arde en el interior de la caverna y  hace que los objetos, o sea los conocimientos en el aula, se vean en sombras y no en  prácticas socialmente significativas al contexto. 

Por supuesto que toda mirada pedagógica a las escenas escolares tiene un trasfondo  filosófico-antropológico. Si lo más importante es qué nota obtiene el alumno o qué  calificación se le adjudica por parte del docente o más aún, si se aprueba al alumno  con “un siete” y se evitan problemas, o si se aprueba a todo el curso para evitar 

cuestionamientos de superiores; evidentemente se tiene una visión pobre y reducida del ser humano. Se rebaja el acto educativo a un mero fin instrumental. 

La educación como valor supremo se encuentra en presencia de un ateísmo  contemporáneo que pone en sombra su esencia transformadora. Y en consecuencia  deja en sombras al proceso de enseñanza –aprendizaje que lejos de poder hacer frente  a la avalancha de males, lo termina por imitar.

 La salida de la caverna se logra mediante la puerta de la ética. El acto de preguntarse  rompe el hermetismo de la domesticación. Entonces vale la pregunta si solo los  números determinan el aprendizaje de los alumnos o la calidad de la enseñanza de  los docentes. Detrás de esa pregunta para nada menor urge poner en discusión ya no  cómo se enseña y cómo se aprende sino para qué se enseña y para qué se aprende. 

Esta pregunta poderosa reconoce el no ser de la realidad escolar porque toda realidad  es verdadera y solo mediante la verdad se destiñen las sombras por una luz, la luz del  Bien, a la cual las prácticas educativas están llamadas a ser, poniendo en juego las dos  potencias de la persona humana que son la inteligencia y a voluntad. De esta forma  se rompe con esa relación pasiva y dominante entre alumno (mal de pena) como  sujeto aburrido y estático en las aulas que solo repite y memoriza un saber mostrado  por otro, el docente, quien en su rol dominante (mal de culpa) somete al alumno a  incorporar los saberes bajo una modalidad vomitiva: recibe el saber, lo expulsa y  rápidamente lo olvida. Esa modalidad lleva a que el alumno logre aprobar y en  consecuencia el docente constatar que su práctica educativa funcionó. La nota es la  gran ficción. 

SEGUNDO MOMENTO D ELA CAVERNA : LA OSADIA Y LA SALIDA 

Hay una actitud que vale su rescate y es la de la osadía. Se es osado cuando se lucha por  alcanzar la verdad. Pese al temor de los tiempos educativos en pandemia, no se tuvo miedo  para salir de la escuela tradicional. La salida de ella implicó reconocer la inminente caída de  los meta-relatos pedagógicos ,anclados en la representatividad de las escenas y tiempos  escolares. Alumnos, docentes y padres habitaron el desastre de la caída de aquellos relatos.  Se habitó el desastre, abandonando la caverna, esa zona de confort que fue criticada siempre  pero “elegida” por ser conocida frente a lo desconocido, frente al afuera de la caverna. Y así  se ensayaron nuevos discursos y prácticas escolares. Los docentes adoptaron en muchas  oportunidades el atrevimiento para configurar consignas, actividades, canales comunicativos  frente a todo lo que se estaba acostumbrado hacer. 

2 – El uso de las tics en el proceso de enseñanza-aprendizaje

También se fue audaz cuando con poco o más terreno explorado en los campos de las tics,  se pudo considerar diferentes aplicaciones como formas de acceso, construcción y evaluación  del conocimiento como del proceso de enseñanza-aprendizaje. El uso del tik tok, de las salas  en zoom, de los grupos de whastapp, de los espacios educativos en Instagram e incluso el  armado de redes sociales desde las propias escuelas. Éstos son algunos de los ensayos para  habitar el desastre o el abandono de la escuela tradicional.

Respecto de la práctica evaluativa, era impensado no evaluar sin calificar y rápidamente se  puso en boca y en práctica institucional el registro de valoraciones pedagógicas. Y se  empezaron a construir rúbricas junto con los alumnos. De este modo la búsqueda de la verdad  fue y es la posibilidad que permitió seguir sosteniendo los vínculos entre alumnos y docentes.  Entre escuela y familias. La osadía con sus cuotas de audacia y atrevimiento supo y pudo no  solo sostener sino re-inventar formas de encuentros, que en su normalidad estaban vencidas  por ejemplo el paso del boletín de calificaciones al RITE (registro institucional de trayectoria educativa) 

De este modo el ejercicio de la libertad en la búsqueda de la verdad en el campo educativo,  alumbró el estado de oscuridad educativa en el que se vivía o sea la urgencia de una ruptura  epistemológica en cuanto a la concepción de educación que va arraigada a un cambio  de mirada respecto del hombre. Se dice basta a esa forma de control que enajena y  obliga a actuar bajo modelos opuestos a la ley natural de los hombres. Se pone límite  a la mirada de control que cuantifica, que enajena. La caverna desposee al hombre de  su verdadera esencia, lo turba. Y la educación es un acto libre y emancipador por ende  jamás puede volverse en contra de su esencia como lo estaba haciendo. 

Educativamente hablando nos encontramos en un estado de desnudez respecto de  las categorías que antes daban seguridad como la de pensar en trimestres,  calificaciones numéricas, porcentajes de asistencias porque hoy se trabaja para hacer  valoración pedagógica. Ya que para muchos pareciera que sin una nota, el alumno no  sabe, que si el docente no da todos los contenidos de la planificación por ende no está  enseñando. Esta lógica del control nos enajenó y fue muy profundo el mal que provocó  en cada actor educativo. Porque muchos se encuentran inseguros de lo que están  haciendo hoy en sus escuelas, que no es más que seguir el bien del acto educativo  que versa sobre acompañar el proceso de aprendizaje, ensayar otras estrategias para  atender a la diversidad, porque hace tiempo que los docentes se dieron cuenta que  la nota, que un número no define, no determina porque el aprendizaje es constante,  dinámico como el mismo ser del hombre, inacabado. Que la nota es solo una forma  de evaluar todo el proceso de aprendizaje pero no la única. Y que su sentido es para  rever ajustes, que solo es un dato de información para las familias, escuelas y por  supuesto para el mismo alumno. Solo un dato para operar sobre un proceso que lo  sobrepasa e incluso abarca. Por ende por favor a despertarnos del sueño dogmático  de la nota en la que nos adormece la lógica del control y nos empuja al estado de  caverna.

3 – El rol docente

Los docentes debemos ser los primeros es a decir basta al control porque es decir  basta al reduccionismo. No tengamos miedo de este tránsito en el que valoramos  pedagógicamente, aprendamos como docentes a ver en las fortalezas a potenciar y  las debilidades a trabajar como oportunidades de aprendizajes. Somos artesanos de  esta profesión porque estudiamos para llevarla a cabo con respeto y profesionalidad  pero también le ponemos el alma en cada acción que emprendemos, hagamos  respetar esa pasión. La pasión no la da el título, no la da la normativa, y muchos menos  el control. Sigamos trabajando en clave colaborativa, sigamos haciendo de las  situaciones de crisis espacios de praxis docente. Defendamos esta noble tarea de ser  en el mundo. No corramos tras la lógica del control, eso nos enajena, nos desacredita,  nos saca el brillo. Nos arroja en un estado de no ser y ahí está la raíz de nuestro mal  educativo que es el descrédito personal y social como educadores. 

Nosotros, ustedes, cada uno de nosotros, somos profesionales de la educación,  creemos con convicción y pasión lo que hacemos entonces puede este dilema; nota  sí o no, hacernos dudar hasta sentir miedo muchas veces, de lo que somos capaces de  hacer en nuestras escuelas, en las aulas y junto a nuestros alumnos?. Verdaderamente  no. Demos fin al dilema en nuestros discursos y prácticas escolares afirmando a la  práctica evaluativa como parte del proceso de enseñanza trascendente. 

LOS PRISIONEROS QUIEREN DETENER AL QUE ROMPIO LAS CADENAS 

Y con la osadía en las retinas de todo lo trabajado y logrado durante estos cien días y más.  En situación de confinamiento obligatorio y bajo el proceso de armado y des-arme de los  Planes de Contingencia Pedagógica como estrategia de osadía por excelencia. Se sigue  escuchando la expresión- sentencia. La frase que anula y desprestigia la osadía de tantos  docentes, de tantos equipos de conducción, las osadías de las escuelas sin más. Esa expresión  es : “cuando volvamos a clases…” . Interrogo a vuestra conciencia y pregunto, ¿qué se estuvo  haciendo hasta ahora? Y cada vivencia escolar permite hoy poder esbozar una cierta tentación  de respuesta: se estuvo re- fundando la escuela. La pandemia trajo consigo una emergente  importante: un nuevo pacto escolar. Una nueva forma de habitualidad está naciendo, está  emergiendo. No habrá un “como antes” sino que las respuestas dadas permiten tejer nuevos  lazos escolares. Permiten pensar en un “como ahora”. 

TERCER MOMENTO: LA SALIDA DE LA CAVERNA 

Este estado de estar en el mundo de forma osada, trae nuevos aires, nuevos colores, un nuevo  horizonte educativo. Que implica la posibilidad real de construir no ya un modelo educativo  para que los alumnos, encastren en moldes prefijados. Sino la oportunidad de leer en clave  contextual qué requieren nuestros alumnos, ciudadanos de un mundo cambiante. Para que la 

escuela contribuya y eduque para ese mundo en el que ella misma tampoco escapa. Y se sabe  desde esta situación pandémica , que la institución escolar tiene una urgencia inmediata para  asumir y la urgencia que debe ser asumida es la de educar en la incertidumbre en la búsqueda  de un sentido último. La felicidad es la cima a la que cada persona debe llegar. Si bien se dice  que se conoce el bien por su opuesto, en materia educativa y respecto de la práctica evaluativa;  se ha conocido el bien mediante el mal. La evaluación formativa acompaña el proceso de las  trayectorias educativas, haciendo foco en los logros alcanzados y re diseñando estrategias  para hacer cumplidos los no logrados aún. Evaluar no es colocar etiquetas (el alumno diez o  el alumno repitente )sino favorecer el descubrimiento del máximo potencial de cada persona.  Evaluar debe ser vivido como un acto de libertad orientado al bien. 

Conclusión

Saldremos definitivamente de la caverna en la medida en que sea un hábito, la evaluación  como instancia de aprendizaje. De un docente capaz de rever sus prácticas educativas a la luz  del bien del otro para favorecerlo y no perjudicarlo. Para potenciarlo y no estigmatizarlo.  También favorece la salida de la oscuridad, la práctica ética de que las escuelas puedan ser  re-fundadas y orientadas desde políticas educativas públicas que acompañen a los  educadores desde su formación en los Institutos como en las Universidades. No hay cambio  mágico. No hay cambio que no implique un proceso. No hay cambio que no provenga de  “adentro”. Y el adentro es el de la misma escuela, de la misma caverna. Transformemos la  escuela, el aula caverna en un espacio de crecimiento personal y comunitario. 

La Pandemia nos trajo una posibilidad histórica: re fundar el sentido de las escuelas, el sentido  del acto educativo desde un nuevo pacto educativo que supere el descarte metafísico y  restituya al hombre su ser persona en lo Trascendente. Te cuento quién soy: https://drive.google.com/file/d/13duQgzhVxAN3p_n7e72PxlqCbJkIYq8I/view?usp=sharing

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