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Educación

Documentación narrativa de experiencias pedagógicas: mucho más que palabrerío

Muy útil para reflexionar sobre el acceso a cargos docentes, el vínculo educador-educando, el etiquetamiento de estudiantes, los desafíos en el oficio de enseñar

La documentación narrativa de las experiencias pedagógicas constituye un abanico de posibilidades, ya que puede ser desplegada para alentar la reflexividad sobre innumerables problemáticas educativas.

Presentación sobre documentación narrativa de experiencias pedagógicas

Me topé con la docencia de casualidad, cuando en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata (FPyCS, UNLP) una docente alentó a los estudiantes de la cursada a sumarse a la cátedra y yo acepté la invitación. Desde ese entonces hasta aquí han pasado unos 20 años. También, vengo de una familia de padre y madre ligados a la docencia. Podría decir que nada es azaroso, aunque nunca me imaginé docente, pero al fin y al cabo desde pequeños las aulas son los espacios que habitamos cotidianamente y parece que yo las necesito tanto como respirar.

Me he insertado fuertemente como educadora del nivel superior, siempre formando y formándome a la vez, aprendiendo cosas nuevas y enseñando a estudiantes y/o pares el maravilloso y complejo oficio de provocar el querer aprender, el hacerse preguntas, para ir más allá de lo que se ve. 

Buscando materiales para mis alumnos de un tramo de formación docente, encontré en internet relatos de experiencias pedagógicas y más tarde en el año 2013 pude realizar un curso para formarme como coordinadora de grupos de docentes que hacen documentación narrativa de experiencias pedagógicas.

Yo escribía y leía mucho, pero otros formatos de escritura. Ponencias, papers o artículos académicos, en los cuales ciertos ingredientes quedaban fuera, nulos, censurados, invisibilizados, a pesar de que sentía a gritos que pedían presencia. 

Y entonces esta otra forma cualitativa de construir conocimiento pedagógico, habilitaba nombrar, contar, mostrar, expresar, dialogar, junto a otros educadores sobre aquellos temas que hacía tiempo parecían no tener lugar y de una forma diferente, donde la sensibilidad, las emociones, las anécdotas, tenían el mismo valor que las citas de autoridad. Partir de las experiencias, pero no para quedarse en ellas, sino para analizarlas, desarmarlas, rearmarlas y vincularlas a marcos teóricos. Desde entonces, abracé la documentación narrativa de las experiencias pedagógicas, integrando nodos y redes de educadores, contagiando esta línea de trabajo docente que animo a experimentar y vivenciar a quienes habitan las instituciones educativas, brindando sus conocimientos sobre cualquier disciplina y desempeñándose en el nivel inicial, primario, secundario o superior. 

La documentación narrativa de las experiencias pedagógicas constituye un abanico de posibilidades, ya que puede ser desplegada para alentar la reflexividad sobre innumerables problemáticas educativas: el acceso a cargos docentes, el vínculo educador-educando, el etiquetamiento de estudiantes, los desafíos en el oficio de enseñar, entre otras.

 

Durante el 2020 en el marco de la continuidad pedagógica y la educación en contexto de emergencia, como menciona el doctor Daniel Suárez (2020) los habitus del quehacer docente estallaron, frente a la imposibilidad de la presencialidad, del lazo cara a cara, teniendo que planificar en la incertidumbre, ensayando nuevas formas de comunicación, priorizando contenidos y diseñando nuevas estrategias de evaluación. La pandemia obligó a repensar el tiempo, el espacio y las relaciones que caracterizan el acto pedagógico. 

Desde los diferentes niveles de la gestión educativa se alentó la escritura sobre la experiencia de educar en pandemia, como una forma de visibilizar propuestas innovadoras y relevar la adaptación a los cambios monumentales en la tarea de enseñar. Así, se logró sistematizar muchos relatos de experiencias docentes. Sin embargo, cuando esas escrituras son meramente individuales, no responden a la documentación narrativa de experiencias pedagógicas concebida desde la línea que promuevo, porque propicia la producción de relatos que son fruto de las conversaciones entre pares docentes, que abren la puerta a reescrituras diversas, hasta alcanzar su publicación. Se escribe, se comparte, se comenta, se reescribe y se publica. Comprende entonces lo individual y lo colectivo. En otras palabras, de la escritura individual inicial, finaliza el proceso cuando se ha alcanzado la versión final del relato, enriquecido con las voces y las discusiones colectivas compartidas. 

Escribir para pensar: las palabras son pasaportes

La documentación narrativa de las experiencias pedagógicas permite visibilizar las situaciones imprevistas, los incidentes críticos, tal lo define Valeria Sardi (2017), que, al ser escritos y examinados de manera individual y colectiva, posibilitan desplegar transformaciones en los actores sociales. Resulta un escribir para entender y comprender el mundo, con la finalidad de modificarlo, de generar movimientos, de delinear otros mundos posibles.

Por su parte, Paula Ripamonti (2017) señala que quien narra se arriesga, en el sentido de que se expone y hace públicos sus miedos, sus haceres, sus dudas, su posicionamiento político, etc. Resalta que la narrativa se enlaza con la experiencia de ciertos actores, con sus modos de habitar y entender la realidad. Aclara que narrar, es mostrar ciertos recortes, fragmentos de la experiencia, dado el rol de la memoria, que pone en juego la selección de ciertos acontecimientos por sobre otros.

Dado mi recorrido de estos años en espacios de documentación narrativa de las experiencias docentes, he notado que la misma se puede desarrollar en dos dimensiones: como práctica para la problematización del oficio docente, que se despliega de manera individual y colectiva. Asimismo, las producciones de sentido vertidas en los relatos docentes pueden ser insumos valiosos para la investigación cualitativa en el campo educativo, reflejando problemáticas como: los vínculos, los proyectos, los conflictos, los rituales, las transformaciones, las trayectorias, las prácticas, entre muchas otras posibilidades.

De esta manera, adhiero a las palabras de Paula Ripamonti, cuando expresa “La potencialidad de los relatos para comprender lo que hacemos, lo que acontece, los sentidos heredados y emergentes, las subjetividades, etc., convierte a los relatos en general y a las narrativas en particular, en materiales ineludibles de trabajo y reflexión educativa.” (Ripamonti, 2017: 92)

El intercambio con colegas de los grupos de documentación narrativa de las experiencias docentes me permite pensar de manera singular y colectiva, con el propósito de comprender la realidad actual, para poder hacer frente a la perplejidad de caminar por tierras poco firmes. 

En muchos espacios académicos donde los actores se posicionan desde el positivismo, se subestima esta forma de construir conocimiento de las experiencias educativas, que se apoya en la perspectiva cualitativa del campo de las ciencias sociales. 

En esas ocasiones, se etiqueta a la documentación narrativa de la experiencia docente como una simple catarsis o la mera ficcionalización de escenas de la cotidianidad escolar. Nada más alejado de ello. 

Sin embargo, en estos últimos años he notado que cada vez se reconoce más esta forma de producción de conocimientos, cuando se generan espacios de formación, investigación y extensión centrados en la documentación narrativa de las experiencias pedagógicas, en profesorados de formación docente en el nivel terciario y en carreras universitarias de grado y posgrado. Desde esta línea se concibe al educador como un actor activo, capaz de producir y documentar valiosos conocimientos pedagógicos. 

Palabras finales

De esta manera, he buscado dar a conocer en qué consiste la documentación narrativa de las experiencias pedagógicas, cuáles son sus alcances y potencialidades que animo a todo educador a experimentar. Existen múltiples nodos y redes en la Argentina que practican y proyectan actividades desde esta línea de trabajo. 

En ese sentido, coordino un programa de documentación narrativa de las experiencias docentes en la FPyCS de la UNLP, que comprende la formación, investigación y extensión.

Durante el 2020 hemos publicado el ebook “La palabra despierta. Narrativas pedagógicas para fortalecer el oficio de enseñar”, que contiene artículos que invitan a sumergirse en aspectos teóricos de la mencionada línea de trabajo y relatos de experiencias pedagógicas de diversos educadores. Puede descargarse gratuitamente ingresando en el siguiente enlace https://bit.ly/322dTVe

Bibliografía

-Carrizo, Elizabeth (2020) Un conversatorio con Daniel Suárez. Ponencia Formación docente y registro narrativo. RELEN. Revista Estudios de Lenguas e-ISSN 2618-4222. Disponible en https://relen.net.ar/index.php/RLN/article/view/45/37?fbclid=IwAR22bk6Hj26GIGrYVFUQCF_n6srq3EayZynDwMrTDsNF3pHzY7S_nj1aIXA

-Felli, Susana y Vestfrid, Pamela (2020) La palabra despierta. Narrativas pedagógicas para fortalecer el oficio de enseñar. La Plata, EPC. Disponible en https://bit.ly/322dTVe

-Ripamonti, Paula (2017). Investigar a través de narrativas. Notas epistémico- metodológicas en el libro Alvarado, M y De Oto, A. Metodología en Contexto. Intervenciones en perspectiva femenista/postcolononial/latinoamericana, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, CLACSO.

-Sardi, Valeria (2017) Investigar la práctica. Inscribir la experiencia. Saberes y prácticas. Revista de Filosofía y Educación. Sección Dossier. Centro de investigaciones interdisciplinarias de filosofía en la escuela (CIIFE) – FFyL – UNCuyo

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Pamela Vestfrid

Licenciada y Profesora en Comunicación Social, egresada de la FPyCS de la UNLP Investigadora y docente del nivel terciario y universitario en la ciudad de La Plata, integrante de FUNDANYCC Email: pvestfrid@gmail.com

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