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Educación

Educación en jaque: Analizando el uso de las redes sociales en la escuela

Pecamos de reiterativos al mencionar cómo la pandemia afectó todos los ámbitos de nuestra vida en solo algunos meses. Puso en jaque aspectos de nuestra cotidianidad que dábamos por sentado  y logró desestructurar hasta las organizaciones sociales menos permeables a cambios. El ejemplo más notorio es sin duda el de las escuelas argentinas.

La presencialidad es indispensable y el hecho de que haya un gran porcentaje de argentinos en edad escolar que no haya asistido a las escuelas más que esporádicas veces en el 2020 y lo que va del 2021 convoca a muchos a reclamar por sus derechos. Estamos viviendo un brote de interés en la educación que deja al descubierto las grandes falencias de este sistema en el presente. Y por lo tanto es quizá el mejor momento para cuestionarnos qué se debe hacer para mejorarlo.

Aquellos que formamos parte del sistema podemos atestiguar que se habla de su crisis desde hace muchos años. Qué enseñamos, cómo lo enseñamos, a dónde se realiza este aprendizaje son preguntas que trascienden la pandemia y que ameritan nuestra atención. Hoy, más que nunca, se dejó el sistema al descubierto. Entonces aprovechemos el impulso, y cuestionemos aún más: ¿qué cambios debemos ejercer para que la educación que brindamos esté a la altura de lo que nuestros alumnos necesitan? 

En el presente la respuesta al cómo enseñamos y dónde lo hacemos está atado al uso de la tecnología. Un paradigma que aunque vuelva la presencialidad, regirá en las aulas. Ya que todo niño y adolescente con acceso a internet y medios sociales tiene una vida virtual de una riqueza que no está siendo comprendida por el sistema educativo hasta ahora. Quizá lo interesante del 2020 fue que nos vimos obligados a asumir ese dilema y preguntarnos: ¿se dan instancias de verdadero aprendizaje a través de internet y las redes sociales? La respuesta es claramente que sí. Quizá, es hora entonces de que las consideremos como parte del escenario escolar. 

Hoy la oferta es grande y enriquecedora. Y son nuestros alumnos desde los medios sociales e internet los que leen e incluso generan ese contenido para sus pares, expresando sus intereses y conocimientos y accediendo a muchos otros. Todos tenemos presente que desde plataformas como Instagram, Facebook, Twitter, entre otras, se conocen nuevos discursos literarios, políticos, sociales; pero es importante reconocer que nuestros alumnos acceden a ellos, los comentan y participan. Aún más, los crean. 

Por ello me pregunto como docente ¿cuál es nuestro rol frente a esto? Dentro de la amplia gama de metodologías presentes, varias voces se alzan en respuesta: debemos enseñar el buen uso de las redes e internet, debemos utilizarlo en nuestras clases, debemos ser conscientes de las herramientas que nos brinda, debemos pensar en internet como una fuente de conocimiento que debe ser interpretada, etc. Pero, si volvemos a pensar que es en las redes en donde nuestros alumnos leen, participan y producen contenido, ¿no se están dando instancias de aprendizaje dentro de ellas? Todo docente tiene alumnos youtubers, o alumnos músicos que muestran sus canciones en las redes, quizá algún alumno con destreza artística que sube imágenes de sus cuadros, o los hay escritores que publican sus obras en páginas de internet y redes, entre muchos más. Y ¿no son estas instancias parte del proceso de aprendizaje que como docentes deberíamos asumir, conocer y acompañar?

A modo de ejemplo, me pregunto cuánto más valioso puede ser el aprendizaje si el profesor de música escucha las piezas realizadas y publicadas por sus estudiantes en las redes y las utiliza para seguir construyendo el conocimiento desde ahí. Si los profesores de educación física acompañan su práctica desde internet aconsejando a sus alumnos a comer saludablemente y ejercitarse a diario, para que sean sus perfiles una fuente confiable a seguir. O si los profesores de matemática y economía conocen a los medios de comunicación y economistas que sus alumnos siguen y los ayudan a interpretar lo que se publica en estos perfiles para prepararlos para su ingreso en el mercado laboral.

El Centro Universitario de Altos Estudios de la Universidad de Guadalajara publicó en el 2011 los resultados de un estudio que se hizo a 414 estudiantes de sus 14 carreras. El objetivo era analizar si las redes sociales se pueden entender como una estrategia de aprendizaje. Los resultados señalan que el 71 por ciento de los estudiantes ya las utilizaban para comunicarse con sus compañeros acerca de tareas escolares y que el 90 por ciento las utilizaba como medio de comunicación en general. También indican la incidencia de la utilización de estos medios para la realización de tareas escolares. Tanto es así, que las conclusiones del estudio reparan en que las redes sociales se están convirtiendo en una herramienta que permite el desarrollo de habilidades comunicativas, un mayor acercamiento docente-estudiante y que deben ser comprendidas como “un sitio donde la interacción, individualidad y multiculturalidad se respeten y, al mismo tiempo, enriquezcan el aprendizaje colaborativo y fomenten la metacognición de los actores con actividades que conlleven a la autoevaluación o reflexión sobre el trabajo realizado”(Torres y Carranza, 2011).

Pienso que para lograr el interés y la comprensión de nuestro alumnado de los conocimientos esenciales y emergentes del presente, debemos acercarnos a nuestros alumnos desde la retórica que ellos manejan y el lugar en donde esta se lleva a cabo. Conocer sus intereses desde las redes. Crearnos cuentas para guiarlos así también en sus procesos de conocimiento y crecimiento desde la virtualidad, porque no podemos ya negar que desde allí se dan instancias de aprendizaje. 

No cabe duda que, en un país que convive con la crisis económica, la virtualidad conlleva sus problemáticas: la falta de dispositivos o internet para todos los alumnos, las características del contacto establecido por el docente, la dificultad de comprensión a través de nuevos canales de comunicación, entre mucho más. Solo con mirar los datos publicados recientemente por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA reconocemos la desigualdad generada por la dificultad de acceso a la educación virtual. Pero con el correcto apoyo gubernamental, la capacitación docente y el desarrollo y la promoción social esto se puede vencer. Y para cuando se logre, los docentes debemos estar preparados para acompañar a las nuevas generaciones desde un lugar de profunda comprensión de su realidad: dentro de las redes e internet. 

No se puede reducir la realidad escolar al aprendizaje, pero por ello mismo, tampoco debemos reducir el aprendizaje a aquellos contenidos y competencias que se desarrollan en el aula. Ya que esto aliena a la escuela de la realidad social y la aleja de sus principales protagonistas: los alumnos. Abramos las puertas de las escuelas a las redes sociales e internet, porque el aprendizaje ya sucede allí. Y de esta forma, acompañemos a nuestros alumnos en su desarrollo y crecimiento de una manera comprensiva y real. Ya lo dijeron City, Elmore y Lynch en el 2013, el cambio de escenario educativo se va a dar, ya sea que lo queramos o no. Por ello lo mejor que podemos hacer hoy, es acompañar este cambio desde adentro.

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