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Inclusión

Educar en las diferencias

Un disparador para pensar y luchar por las escuelas inclusivas

En mi familia somos tres hermanos, dos varones y una mujer. Al momento de inscribirnos a mi hermano y a mí, mis padres tuvieron la oportunidad de elegir, dentro de la amplia oferta, el colegio que más cumplía con sus expectativas. Esto no ocurrió en el caso de mi hermana. No pudieron elegir entre las escuelas que les gustaban, sino que debieron optar por una en la que la aceptaran.  Mi hermana tiene Síndrome de Down.

Esta no es únicamente la realidad de mi familia, sino la de muchas familias argentinas. Todas las mañanas, cuando voy al colegio en donde trabajo, en Munro, paso por la escuela (especial) número 504. Tanto en el horario de entrada como en el de salida, me encuentro con una gran cantidad de estudiantes que asisten únicamente a la escuela especial. Estos chicos no han tenido una situación de aprendizaje fuera de este ámbito. Ahora me pregunto: ¿Es necesaria una educación diferenciada?  ¿Tantas imposibilidades tienen estas personas para no poder compartir ni siquiera el aula “normal” con otros? Esta situación actual, en donde personas de la misma edad recorren trayectos escolares totalmente diferentes, me interpela y me muestra que el sistema educativo es reproductivista y discriminatorio. Como profesionales de la educación, frente a esta realidad, no podemos hacer omisión a esta realidad a la que se enfrentan muchas personas respecto a su trayecto escolar.

La educación especial, según el artículo número 42 de la ley Nº26.206 vigente en Argentina desde el 2006, determina a ésta como una modalidad de la educación formal. Por lo tanto, se puede inferir que ésta será la solución o el lugar (escuelas especiales) a donde podrán asistir las personas que no puedan ser acaparadas por el sistema educativo formal.

Dentro de este contexto quiero tomar unas palabras de Pilar Arnaiz Sánchez que hace referencia a la inclusión de personas en el ámbito educativo formal y enuncia expresamente que: “Primero, es una actitud, un sistema de valores y creencias, no una acción ni un conjunto de acciones.

A partir de esta frase, me doy cuenta que todo se basa en la conceptualización y los ideales que se tengan acerca de la educación. Actualmente, me encuentro con escuelas que luchan por la inclusión. Una de las características que tienen en común es hacer parte a las familias y a los educandos de los currículos institucionales y de su propia enseñanza. Esta situación condice con lo planteado por Ralph Tyler en donde propone darle un rol prioritario a los padres en la educación de sus hijos y así tener un rol activo en el aprendizaje de éstos.

Partiendo de la experiencia de mis padres y viendo cómo mi hermana ha logrado aprendizajes significativos y grandes avances en su desarrollo personal, puedo decir que la escuela inclusiva puede ser una realidad y no simplemente una utopía. Si bien este es el presente de nuestra familia, no fue la realidad de todo el trayecto escolar de mi hermana.  Hemos pasado por escuelas en donde la voz de mis padres no tenía valor. No existía la posibilidad de comunicarse con el colegio ni de trabajar en equipo. Siempre se destacaba la diferencia de mi hermana con el resto de los alumnos y se hacía énfasis en el término integración y no en la inclusión. Por eso destaco el trabajo en equipo que se ve día a día y va mejorando a lo largo de los años. La constante comunicación entre colegio y familia permite llegar a acuerdos y proponer planes de mejora personal que hacen a la formación integral de mi hermana. Mis padres evidencian cuán importante es sentirse escuchados y cómo, con la ayuda de los profesionales del colegio, se plantean objetivos y aprendizajes acordes. Se sienten valorados, contenidos, y que son parte del proceso de formación de su hija. Este logro que estoy destacando lleva un largo recorrido (que aún continúa). En un principio mis padres se vieron enfrentados a una situación muy compleja.  Existieron temores y miedos acerca de cómo iba a ser la educación de mi hermana. Gracias a esta cultura educativa del colegio de trabajar colaborativamente junto con la familia, se vieron acompañados en todo este largo camino que aún no ha finalizado. 

Dentro de esta propuesta y cultura de las escuelas inclusivas también quiero destacar el trabajo cooperativo. En el mismo se evidencia una articulación y participación entre los miembros del establecimiento educativo formal, los pertenecientes al equipo interdisciplinario del estudiante con necesidades educativas especiales y los docentes de educación especial. Son estos momentos y espacios determinados los que permiten destacar qué aprendizajes y enseñanzas son útiles y tienen una repercusión en la vida diaria. Muchas veces, como docentes, no fuimos capacitados para trabajar con alumnos con necesidades educativas especiales. Entonces, complementar el trabajo con otros profesionales es otra característica que quiero destacar de las escuelas inclusivas.

Retomando la realidad, en búsqueda de no quedarme con ideales utópicos, quiero destacar una postura que toma la escuela en la cual me desarrollo profesionalmente. Como dije anteriormente, hay un cerco que separa las dos instituciones educativas. Pero, en la búsqueda por romper con esta barrera física, año tras año se plantea un proyecto educativo en donde los directivos y docentes de ambas escuelas trabajan cooperativa y cordialmente para generar un espacio de enseñanza y aprendizaje en donde los estudiantes se mezclen y transiten la experiencia de compartir un día escolar con sus vecinos. Durante el transcurso del día se comparten comidas, recreos, y diversas clases en donde todos aprenden y generan muchas experiencias juntos. Al finalizar el día, puedo notar como los chicos de mi escuela, pertenecientes al nivel primario, salen fascinados. Lo mismo sucede del otro lado. Todos se llevan una sonrisa de lado a lado ya que han vivenciado un momento especial, particular y por demás enriquecedor. Ahora me pregunto ¿Esta situación no puede ser parte de nuestra cotidianeidad? ¿Por qué estos chicos tienen que asistir a una escuela especial y no pueden aprender con otras personas?

Como trabajadores de la educación debemos entender y buscar escuelas inclusivas. Estas son aquellas que no discriminan a los alumnos por su realidad, que no ponen barreras y que abren sus puertas para trabajar en pos de una educación personalizada. Las que intentar salir de este sistema reproductivista. Aquellas que buscan superarse y promueven la superación de los demás. 

Estas estrategias son las que hacen y destacan una escuela inclusiva. Estos cambios, como propone Pineau, son los que tienen que hacer las escuelas en la actualidad para poder triunfar y vencer este contexto de discriminación. Las escuelas inclusivas deben ser las bases de la inclusión. La escuela es una de las bases de la sociedad, generar cambios en ella es también modificar nuestro presente y futuro.  Para tener una sociedad inclusiva, debemos tener escuelas inclusivas.

En palabras de Paulo Freire: “La educación no cambia al mundo cambia a las personas que van a cambiar al mundo

Poto de Nathan Anderson en Unsplash

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