fbpx
Educación

Efectos psicológicos de la pandemia. ¿Cómo influye en el aprendizaje?

La llegada de la pandemia, producto del COVID-19, modificó profundamente nuestras vidas alterando rutinas, tiempos, espacios y vínculos.

En el ámbito de la educación, las instituciones debieron transformar el clásico dictado presencial de clases, bajo una modalidad virtual y/o a distancia para garantizar la continuidad pedagógica de los estudiantes. En algunos casos, las clases pasaron a dictarse mediante la utilización de plataformas de videoconferencia, y en otros a través de canales de TV, radio, mensajes de WhatsApp, implementación de cuadernillos, etc.

Hace un año y medio que estamos conviviendo en un contexto signado por la incertidumbre. Esto está gravitando la estabilidad emocional y disposición para aprender de los estudiantes. Cada vez se escucha con más fuerza que, todos y en particular, los adolescentes y jóvenes expresan sentirse agobiados, desmotivados, cansados ante esta situación y el tener que aprender a través de las pantallas.

Las cámaras apagadas en las clases cada vez son más frecuentes y los motivos son diversos, desde dificultades en la conexión a internet, vergüenza de tener que compartir ante otros/as una parte de su espacio íntimo o bien no contar con un espacio protegido y tranquilo para tomar sus clases; desmotivación, hasta dificultad para prestar atención y cansancio para seguir las clases. Ante esto, Jeremy Bailenson, profesor de la Universidad de Stanford comparte, en una investigación realizada por él y su equipo, 4 razones que podrían producir este cansancio y/o “fatiga de zoom”. En primer lugar, sostiene que en estas plataformas se produce una intensificación del contacto visual, al estar constantemente mirándonos y siendo observados por otros, situación que es totalmente antinatural. En segundo lugar, expresa que el hecho de verse frecuentemente uno mismo en la pantalla agobia, y produce efectos negativos (excesiva autocrítica aumentando los niveles de estrés). En tercer lugar, el tener que estar sentado varias horas frente a un dispositivo reduce la posibilidad de movimiento o desplazamiento, generando tensión corporal. En cuarto lugar, afirma que la carga cognitiva es mayor, ya que estamos constantemente tratando de decodificar la comunicación no verbal y haciendo un esfuerzo más elevado para poder comunicarnos efectivamente sorteando los obstáculos de los ruidos comunicacionales (eco, intermitencia, lentificación del mensaje). Las características mencionadas, tanto afectivas como cognitivas, elevan los niveles de estrés y producen dificultades en los estudiantes para sostener la atención de las clases sincrónicas, impactando fuertemente en sus aprendizajes.

4 razones que podrían producir este cansancio y/o “fatiga de zoom”

En estas plataformas se produce una intensificación del contacto visual, al estar constantemente mirándonos y siendo observados por otros, situación que es totalmente antinatural.

El hecho de verse frecuentemente uno mismo en la pantalla agobia, y produce efectos negativos (excesiva autocrítica aumentando los niveles de estrés)

El tener que estar sentado varias horas frente a un dispositivo reduce la posibilidad de movimiento o desplazamiento, generando tensión corporal

La carga cognitiva es mayor, ya que estamos constantemente tratando de decodificar la comunicación no verbal y haciendo un esfuerzo más elevado para poder comunicarnos efectivamente sorteando los obstáculos de los ruidos comunicacionales (eco, intermitencia, lentificación del mensaje)

Otra de las razones que explica esta desmotivación y desgano, tiene que ver con los efectos psicológicos que está causando la pandemia. La facultad de Psicología de la UBA, a través del Observatorio de Psicología Social Aplicada, presentó un informe relevando estas cuestiones en las distintas etapas transitadas de la cuarentena obligatoria, en el año 2020 (7-11 días, 50-55 días y 115-124). De las conclusiones se desprende que, el 75% de la población manifiesta sentir malestar psicológico y alteraciones en el sueño, incrementando la aparición de conductas negativas tales como el consumo de alcohol y/o medicación para paliar este malestar y manejar los nervios, disminuyendo las conductas saludables, como por ejemplo la realización de actividad física, religiosa y/o espiritual. Todas estas, son factores protectores que ayudan a afrontar estas situaciones tan complejas de manera más saludable. A su vez, un 40% de los encuestados expresó que las actividades sociales los ayudaron a manejar el malestar psicológico, no obstante, no se sabe si las mismas fueron de manera presencial o virtual. Otra investigación realizada por UNICEF, titulada “Impacto de la pandemia en la educación de niñas, niños y adolescentes, durante el 2020” revela que un 43% de los adolescentes, de entre 13 y 17 años, manifestó sentimientos de angustia, depresión o miedo ante el contexto actual y que el aspecto que más les costó sobrellevar de la pandemia, fue no ver a sus amigos (66%). Otro dato significativo de este informe es que se produjo una disminución en la capacidad de resolver autónomamente las tareas, requiriendo, para ello, el apoyo de un otro. Por último, la investigación “Efectos psicológicos de la pandemia COVID-19 en la población general de Argentina” (18 a 70 años), de Martín Alomo y equipo, revela que el 65% de los jóvenes entre 18 y 24 años, expresan mayores sentimientos de depresión y/o de desgano para realizar actividades físicas, convirtiéndose en la población con mayor porcentaje en esta área.

Teniendo en cuenta los aspectos relevados en los distintos informes, se desprende que el contexto actual está afectando la salud mental de los adolescentes y los jóvenes y que esto está provocando efectos en su aprendizaje al verse afectadas las condiciones cognitivas y afectivas necesarias para promoverlo.

El proceso de enseñanza y aprendizaje, en este contexto de emergencia sanitaria, se encuentra atravesado por enfermedades, pérdidas, angustias, ansiedades y desmotivaciones ¿es posible enseñar y aprender? ¿qué se puede hacer?

Ines Dussel propone reflexionar respecto del sentido de la educación y nuestro modo de enseñar. Sean clases virtuales o presenciales ¿qué tipo de “presencias” queremos hoy? Siempre que dictamos una clase, ¿los estudiantes están presentes?, y en el contexto virtual ¿la cámara prendida es sinónimo de estar presente y la cámara apagada es sinónimo de estar ausente? ¿Cómo generamos mayor participación y despertamos interés en este contexto tan particular de sobrecarga y desmotivación?

En primer lugar, es necesario jerarquizar y priorizar aquellos contenidos considerados esenciales e irrenunciables, identificando qué es importante enseñar hoy, como propone Mariana Maggio. En segundo lugar, es fundamental seleccionar qué estrategias de enseñanza se van a utilizar y qué actividades se van a proponer para que los estudiantes logren los aprendizajes propuestos de manera significativa. Esto invita a deconstruir el formato de clase tradicional y a reconstruir uno nuevo, combinando instancias de trabajo sincrónico junto a instancias de trabajo asincrónico. Potenciar el tiempo sincrónico /presencial generando instancias de debate, diálogo, análisis de casos, resolución de problemas, intercambio de perspectivas, habilitando espacios para la pregunta y el error. Aprovechar el espacio asincrónico para que los estudiantes trabajen autónomamente con la lectura de material teórico, y/o explicación de contenidos a través de videos, audios, etc. En estas instancias también se puede generar alguna actividad de trabajo colaborativo para favorecer el intercambio y vínculo entre estudiantes.

En tercer lugar, abrir las aulas. Invitar profesores especialistas o profesionales de distintas áreas que puedan desarrollar temas de interés para los estudiantes. O bien que los profesores de distintas áreas puedan planificar interdisciplinariamente elaborando propuestas de trabajo en conjunto. Propuestas que rompan con el trabajo aislado y fragmentado y así conformar y consolidar equipos de trabajo que incluyan miradas y abordajes distintos. Aulas que convoquen, interpelen y desafíen generando un clima de participación, motivación y sostén tanto para estudiantes como para profesores. Todas condiciones esenciales para favorecer el aprendizaje.

En cuarto lugar, generar instancias de encuentro entre estudiantes que están iniciando y finalizando sus estudios. Los primeros con estudiantes más avanzados y los segundos con profesionales para que puedan compartir experiencias, transmitir su recorrido y expresar sus dudas, inquietudes y miedos. Instancias de diálogo que generen mayor confianza y seguridad para afrontar los nuevos desafíos que estas transiciones conllevan.

A modo de reflexión final ante la interpelación de la realidad que nos atraviesa una posible respuesta sería el armado de redes de profesionales de áreas interdisciplinarias, para generar espacios de apoyo, orientación y contención en las instituciones educativas con el fin de asistir y sostener a los equipos directivos, docentes, a los estudiantes y sus familias.

Disponer de estos dispositivos permitiría abordar con mejores técnicas, recursos y estrategias este contexto de extrema complejidad.

Sin estabilidad emocional ¿quién puede enseñar y quién puede aprender?, ¿quién puede cuidar y quién puede curar?

Foto de portada: de Kelly Sikkema on Unsplash

close

Hola 👋
Un placer conocerte.

Regístrate gratis para recibir toda la información sobre eventos educativos, cursos, noticias y recursos para educadores.

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja un comentario

Botón volver arriba
X