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Educación

El desafío de educar personas plenas y más humanas

Aportes para educadores y formadores desde la Psicología Humanístico- Existencial

Podemos ver a la Psicología y la Educación como dos campos de conocimiento capaces de dialogar entre sí con el fin de ayudar a las personas a funcionar y desarrollarse más plenamente y a ser capaces de llevar adelante un proyecto de vida viable y enriquecedor tanto para sí mismos como para los demás.

Los educadores somos “personas criterio” para nuestros alumnos, en tanto aparecemos ante ellos como modelos a seguir o a rechazar, y en cuanto al mismo tiempo, los miramos de cierto modo que va dejándoles huella y va conformando su autoimagen. Qué importante es, entonces, plantearnos y replantearnos bajo qué conceptos, creencias, supuestos filosóficos y puntos de vista acerca de la persona humana, vamos animando nuestra labor educativa en pos de acompañar su formación.

La Psicología Humanístico – Existencial, conocida también como la Tercera Fuerza, surgió entre los años 50 y 60 como una reacción a la postura determinista y pesimista del Conductismo y del Psicoanálisis. En el contexto de una reforma socioeconómica en los Estados Unidos, el optimismo humanista buscaba acompañar a los ciudadanos teniendo en cuenta sus sentimientos, brindarles bienestar social y sacarlos del abatimiento en el cual los había hundido la crisis económica. Con la llegada y el aporte de psiquiatras y psicólogos europeos – tales como Kurt Goldstein, Viktor Frankl y Iacob Moreno- los norteamericanos, como Carl Rogers, comienzan a delinear nuevas teorías y formas terapéuticas. Este Humanismo estaba caracterizado por la heterogeneidad teórica, la mirada positiva acerca del hombre, e inspirado en la filosofía existencialista y el método fenomenológico. Su nacimiento formal data del año 1962, con la creación de la Asociación de Psicología Humanística por parte de Abraham Maslow, cuyo propósito era “abrir la vida interna del hombre para liberar su potencialidad y lograr su máxima realización”.   

Es enriquecedor conocer los principios del Humanismo para ponerlos en diálogo con la Educación, de tal modo que puedan servirnos de brújula a la hora de pensar qué personas queremos formar, cuáles son todas sus dimensiones, esas que debemos tener en cuenta para que ningún aspecto de la persona quede descuidado o sin estimular. En 1964, James Bugental presenta cinco principios básicos que resumen lo más importante de esta postura, ellos son:

1- El hombre es más que la suma de sus partes. Se trata de una visión holística, integradora de las distintas áreas o dimensiones humanas – intelectual, emocional, corporal, espiritual – en franca oposición con la dicotomía mente- cuerpo que presentan otras disciplinas. Al concebir a la persona como totalidad, ve a un ser completo y tiene en cuenta cada aspecto, su influencia e interdependencia con el resto, como manifestación del ser. Este principio nos lleva a ver a nuestros alumnos como personas que funcionarán y aprenderán mejor en tanto y en cuanto les ofrezcamos experiencias que los ayuden a integrar y valorar los distintos aspectos que conforman su ser.

2- La existencia se consuma en el seno de relaciones interhumanas.  El hombre es un ser social que se constituye dentro de un entramado de relaciones fundantes y enriquecedoras, las cuales aparecen como oportunidades para conocerse mejor, identificar sus fortalezas y desarrollar sus potencialidades. En relación a nuestros alumnos, el encuentro interpersonal que supone el proceso de enseñanza aprendizaje, deberá ser tenido en cuenta tanto como una circunstancia necesaria para abordar colaborativamente los conocimientos, como así también un contenido en sí mismo que se requiere para la vida. Saber que somos lo que somos, en buena medida, en función de nuestras relaciones, que podemos llegar a ser más plenos y felices en tanto y en cuanto aprendamos la dinámica de las relaciones y lleguemos a comprender mejor la complejidad de la comunicación, todo ello constituye un desafío y una deuda a la hora de desempeñarnos en la educación.

3- El hombre vive en forma consciente. Toda persona es capaz de comprenderse a sí mismo, de aprender a comprender a los demás, de adentrarse en la propia experiencia de manera reflexiva y aprender de ella. Por eso podemos decir que el hombre no es un pasivo espectador de su existencia, sino que es capaz de recrearla. Pensamos en la importancia de ayudar a nuestros estudiantes a iluminar aquello que está presente en ellos o en sus vidas, que puedan nombrarlo, abrazarlo, asumirlo, reconocerlo y al mismo tiempo valorarlo como propio, ya sea para elegirlo conscientemente o para advertir la necesidad de transformarlo. 

4- El ser humano está en condiciones de elegir y decidir. Este principio de autonomía inspirado en el Existencialismo postula que la persona es responsable de su existencia, esencialmente libre y concebida como autónoma. Cada vez que elige, SE elige, constituyéndose “arquitecta de sí misma”. Es capaz de transformar su situación vital tomando decisiones y haciendo efectivas sus elecciones. Qué importante es que podamos acompañar a nuestros alumnos en la toma de decisiones, mostrándoles que por pequeñas o insignificantes que parezcan, ellas nos preparan para afrontar la vida y al mismo tiempo fortalecen nuestra capacidad de asumir compromisos y responsabilidades que se tornarán ineludibles.

5- La persona vive orientada por una meta o sentido. La existencia del hombre se caracteriza por el significado que él le otorga a cada acto, por los valores que le atribuye y forman parte de su identidad, y por las metas o intenciones a las cuales apunta su comportamiento. En cierta medida, todos estamos necesitados de encontrar la identidad perdida, “ser el sí mismo que uno realmente es”. A su vez, atravesamos una y otra vez crisis de crecimiento, vitales, existenciales, espirituales que desestabilizan el equilibrio y requieren ser atendidas. Qué valiosa oportunidad poder acompañar a nuestros adolescentes en esta etapa de sus vidas donde todo su universo se trastoca y empieza a aparecer esta dimensión con una fuerza arrolladora. Ayudarles a que puedan hacerse esas preguntas existenciales y que puedan encontrar los valores y el sentido que le den orientación a sus vidas.

Para cerrar esta reflexión, quisiera compartirles este pensamiento del humanista Martin Buber, que ha sido citada por Paulo Freire y creo resume de manera exquisita aquello que los educadores estamos llamados a hacer ya ser, más allá del campo del conocimiento que compartimos con nuestros alumnos:

“El hombre necesita ser confirmado en su ser por el hombre. Secreta y turbadamente espera un Sí, que puede llegar a él sólo de persona a persona”.

Martin Buber

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Nancy Avila

Nancy Avila es Consultora Psicológica Humanista Especializada en Desarrollo Personal Agente de Pastoral- Catequista Docente Especializada en Educación Primaria de Niños, Adolescentes y Adultos

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