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Docentes

El docente de nivel inicial: la profesión más allá de la sala

Entendiendo el rol en este contexto especial

En estos años de docencia y de gestión, en diversas oportunidades me he encontrado con una pregunta: ¿Conocemos el alcance de lo que estamos haciendo? ¿Sabemos lo que implica ser docentes o tenemos una mirada parcial e incluso estereotipada? 

Hace algunos años me encontraba con una revelación: ser docente de nivel inicial, es mucho más que enseñar dentro de una sala de jardín de infantes. Cuando leemos el diseño curricular para la educación inicial del año 2008, observamos ciertas frases… “Formar a los niños y niñas como ciudadanos de la cultura escrita y usuarios de la palabra”, “Formación de los alumnos en el ejercicio de la ciudadanía”, “Participantes activos de la lengua escrita”. Son manifestaciones del gran tesoro que nos es dado junto con “el cargo” y que incluso muchas veces no dimensionamos . 

Pero hay algo más… algo grande y potente que muchas veces es ignorado. Hay una responsabilidad ético-política en el ejercicio de nuestro rol. Hay algo además del ya importante aprendizaje de la serie numérica oral, del acercamiento a cuentos tradicionales o el aprendizaje de juegos como la rayuela o las rondas. Cuando una docente novel toma su primer cargo, inaugura un potencial de transformaciones en la vida de quienes pasen por sus aulas. Está en sus manos hacer justicia de esa posibilidad o “pasar sin pena ni gloria” por la realidad y subjetividad de los pequeños destinatarios de sus propuestas. Tiene la posibilidad de constituirse en “garante de derechos” de sus alumnos y alumnas, título tan mencionado pero que seguramente si nos preguntamos sobre su significado, poco podemos decir. 

Si sabemos y creemos, y estamos convencidos de cuán importante es de por sí brindar posibilidades significativas de aprendizaje a los niños y niñas de nuestros jardines, cuanto más grande nuestro rol cuando comprendemos que las posibilidades que potencialmente pondremos a disposición de nuestros alumnos y alumnas van más allá de estos contenidos, más allá de la sala de jardín. 

Cuando conversamos con algunos colegas, sabemos de intervenciones a tiempo que han favorecido el tratamiento de algún niño o niña con su derecho a la salud vulnerado, docentes que al escuchar a sus alumnos identificaron un caso de abuso intrafamiliar, denuncias por violencia, madres que lloran en nuestras direcciones por

haber sido víctimas de violencia de género o pidiendo vacante porque por esta misma razón vienen de lejos escapando de su agresor. La gestión lo hace posible… la gestión le cambia la realidad a esa familia, le cambia la realidad a ese niño o esa niña cuando el docente o el directivo comprende su corresponsabilidad (porque estas intervenciones indefectiblemente se vinculan a un trabajo en red con diversos organismos, por tanto ya no hablamos sólo de situaciones fuera del aula, sino fuera de la institución, dejemos para más adelante este abordaje). 

¿Nos damos cuenta de esto? 

El directivo y el docente, codo a codo, pueden verdaderamente transformar la realidad de una familia. Pensemos en la pandemia de Covid que aún nos encontramos transitando… 

Pensemos en lo que hemos hecho como docentes, en lo curricular y en lo institucional extracurricurricular. En el vínculo con las familias, en el brindar posibilidades de continuar aprendiendo, poniendo el derecho del niño a la educación (y también el derecho a la salud) en primer lugar. Pensemos en docentes y directivos preparando cientos de bolsones de alimentos, haciendo posible una política pública ante una necesidad de la ciudadanía. 

Pensemos en esa docente que observa marcas en el cuerpo de un niño y avanza, denunciando, no callando, diciendo lo que el pequeño no puede decir. Pensemos en la secretaria que busca la forma, ante listas de excedentes de matricula desbordadas de hacer un lugar para ese niño que llega de la mano de su madre, quien se encuentra escapando de una situación violenta. Pensemos en las docentes que llaman a sus alumnos porque no están asistiendo y cuando la respuesta es “no tiene zapatillas” consiguen un par, porque la falta de un par de zapatillas no nos va a impedir tener a nuestro alumno en el aula aprendiendo, donde debe estar, siendo destinatario de propuestas emancipadoras. 

Pensemos en estas imágenes y pensemos también, qué hay de curricular en ellas… qué contenidos, qué propuestas didácticas. 

Algunos podrían decir que tan solo hay humanidad. Si. Así es. Pero también hay un profundo conocimiento y compromiso con el rol docente y lo que grandemente implica. 

Ser docente de nivel inicial hoy no es solo enseñar matemáticas, prácticas del lenguaje, leer un cuento (como si solo eso, de por si, no fuera ya muchísimo) … es todo ese maravilloso mundo constituyente de subjetividades y posibilidades y

también es todo lo demás. El acercamiento de la justicia social, la posibilidad de transformar una dolorosa realidad, la lucha por brindar más oportunidades, por responder estoica y vehementemente a las realidades más vulnerables. Cuando decimos que “somos garantes de derecho” hablamos de estas cuestiones, de estas imágenes. Tal vez no sepamos explicarlo con palabras… al igual que cuando nos preguntan por qué amamos a quienes amamos… no lo sabemos, pero lo hacemos. Porque nos nace de las entrañas, porque años de convivir con vulnerabilidades nos hace no querer verlas más, porque la injusticia social encarnada en un niño o niña nos hierve la sangre y no podemos quedar apáticos, demagógicos, perdidos en bellos discursos vacíos de acciones concretas. Necesitamos transformarlo. 

Eso somos y hacemos los docentes. Tanto más aún con lo vivido en el 2020, con una pandemia que se ha llevado por delante tantas posibilidades de felicidad. Ser docente de nivel inicial ya era un gran desafío antes de marzo de 2020… hoy se sumaron dificultades pero también fortalezas, nuevos sentidos, nuevas oportunidades de gestar el cambio. 

La historia nos ha dado una maravillosa oportunidad: ver en las heridas que han quedado y en las que vendrán, cuanto más de lo que creíamos implica este rol. Hagamos posible el sabernos y comprendernos posibilitadores de las más maravillosas oportunidades de cambio. Tal vez sintamos que nos excede, pero quien en algún momento transitó una sala de jardín de infantes, quien alivió una carencia o fue la voz de quien estaba mudo, comprende a lo que me refiero. 

Comprendamos y defendamos la potencia del rol, para seguir haciendo posible el cambio, para poder, junto con nuestras infancias, hacer grandes cosas. No porque pensemos que los niños son el futuro, sino porque sabemos que es hoy cuando merecen todo lo bueno. 

Cintia Fernández: Profesora y Licenciada en Educación Inicial.

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