Gestión

¿Es posible la eficiencia educativa hoy?

En medio de la situación que atravesamos a nivel mundial, muchas voces  se escuchan tratando de  descifrar si se logra cumplir  o no con lo prescripto por el Diseño curricular, pero ¿De qué hablamos cuando nos referimos a la eficiencia educativa? Seguramente   nos remitimos a alcanzar con los objetivos propuestos en el año escolar, sin embargo en el contexto de la pandemia, los indicadores que habitualmente analizamos como la tasa de promoción efectiva, la tasa de repitencia, la tasa de abandono interanual, el porcentaje de sobreeedad y la tasa de escolarización, no nos aportan la información que precisamos. Es por ello que  ante un sinfín de interrogantes, que se plantean en la sociedad, nos detenemos a analizar como educadores si  en parte queda al desnudo una escuela que solo reproduce  como bien lo describen dos intelectuales franceses Bourdieu y Passeron (1970) donde los métodos y la transmisión de contenidos han quedado en el pasado. En efecto, ante este escenario nos vemos desprovistos de herramientas suficientes para encarar clases más efectivas, por otro lado no nos olvidamos de otros factores que dificultan la llegada de clases  más efectivas, como el económico tanto de las escuelas como de las familias, la escasez de recursos repercute en el proceso de enseñanza y de aprendizaje.
Compartiendo experiencias con docentes del nivel primario en CABA, nos encontramos con carencias de todo tipo, de padres que no tienen acceso a una computadora, no saben enviar un mail, ni ingresar al blog de la escuela a la que asisten sus hijos. Allí surge la preocupación de los docentes que tratan de facilitar y habilitar otros medios como su propio número de teléfono para que esas familias puedan acceder a las actividades propuestas, explicando mediante audios una y otra vez cómo realizar las actividades.

 Sin lugar a dudas miles de experiencias se replican a lo largo  de nuestro país, donde los docentes intentan de diferentes formas llegar a las familias y que nadie se quede afuera. Por otro lado también surgen otras preocupaciones, como el acompañamiento a los niños que presentan alguna dificultad fonoaudiológica, niños que el docente no logró conocer en profundidad  en diez días de clases. Estas situaciones alertan al docente y rápidamente comienza a articular una posible adecuación con maestras de apoyo y por supuesto informándose acerca de cómo aprende un niño con estas características.

Entonces realizando una primera hipótesis podríamos decir que si bien la escuela necesita cambios profundos que deben debatirse y que no es patrimonio de la comunidad educativa solamente sino de políticas que acompañen esta transformación, la escuela hoy está moviéndose como nunca antes, está presente ante las diversas necesidades y vicisitudes, reinventándose con las herramientas que posee, informándose, y sosteniendo al alumno para que su trayectoria no quede truncada y sin sentido, dándole valor a sus producciones, y alentándolos a llegar a la meta.

 Lidia Gloria Gomez, Profesora de nivel Primario en CABA.
Lic. en Gestión Educativa

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