Docentes

El rol del docente en tiempos de Coronavirus

Hacia una ruptura epistemológica

Artículo de Silvana Moreno en el que reflexiona sobre la ruptura epistemológica que se produce en el rol docente en tiempos de coronavirus.

Dicen que es en  las situaciones de crisis, donde las personas ponen a prueba sus baluartes siendo estos los resortes que permiten afrontar y  resolver las dificultades que ocasionen esas situaciones. Incluso permiten también descubrir y adquirir nuevos resortes como habilidades operativas. Y en el acto de afrontar radica el mayor aprendizaje.  

En el presente que nos convoca, entre pandemia, cuarentena, padres y tareas, la escuela ha sido fuertemente interpelada por una crisis. Una interpelación que socava los fundamentos últimos de la escuela porque desnuda el escenario pedagógico para verlo en estructuras. 

Muchas instituciones, en estado de crisis,  creen que unas cuantas guías para que los alumnos resuelvan,  implica estar ejerciendo la función de escuela y entonces así “se cumple con lo que hay que hacer”. 

Docentes  en estado de crisis, creen que tapando de trabajos prácticos, sin una referencia real a la planificación o en correspondencia con la carga horario de sus espacios curriculares, simplemente con eso “cumplen con lo que hay que hacer”. 

Familias en crisis, se encuentran resolviendo temas referentes al cuidado de sus hijos , la ayuda a resolver las interminables guías que los docentes envían y por supuesto la presencia o no de computadoras o una buena conexión a internet que permitan recibir el famoso Plan de Contingencia Pedagógica.  Plan que es vivido como carga, al cual hay que resolver todo rápido o no resolver nada y que los docentes enseñen cuando finalice la cuarentena y se retorne a las clases. Y así “se cumple con lo que hay que hacer”. 

Los ejemplos de estados de crisis frente a esta situación pandémica son muchos pero nosotros como educadores , debemos afrontarla,  planteándonos una pregunta simple pero clave: qué es la escuela? Y sentimos que la escuela es más que un edificio. Es más que un servicio de cuatro o cinco horas. Es más que unos cuantos contenidos dispuestos gráficamente en un pizarrón. Es más que un timbre que invita al recreo después del encierro para aprender. E incluso es más que la voz exclusiva del docente para enseñar. 

Yo propongo cambiar la pregunta por esta: ¿cómo hacemos escuela? Y este hacer implica romper con “lo que hay que hacer”.  Reinventemos las escuela, reinventemos el aula, las didácticas, los tiempos y espacios de clases, reinventemos nuestro rol docente. La posibilidad de reinvención es lo que nos trajo como desafío  el coronavirus. Y la clave está en no resistir al cambio sino asumirlo. Lo nuevo viene en carácter de lo novedoso. Lo que algo trae. 

Hacemos escuela en la medida en que todos los docentes, los Equipos de  Gestión y sobre todo los Profesorados comencemos a trabajar en la ruptura epistemológica , debemos hacer revolución pedagógica en la medida que comprendamos que el conocimiento no es una  simple memorización de datos a transferir sino que es el puente para adquirir habilidades. Que ser docente no es ser un transmisor sino un gestor, un guía de las condiciones de posibilidad para que los alumnos puedan vivenciar situaciones de aprendizajes. Que evaluar no es un procedimiento administrativo ni cuantificable de colocar un número que deviene en nota escolar sino un proceso de monitoreo, de acompañamiento de cada trayectoria escolar. Esto es hacer escuela. Debemos encarar firmemente una manera de educar diferente, una manera distinta  de instalarnos como docentes. 

Hoy la gran ruptura es el paso de la presencialidad a la virtualidad. Nos cuesta pensarnos en los no-espacios físicos, parece que el único escenario pedagógico es el aula. Nos cuesta pensarnos sin el  cara a cara con los alumnos. Como si el vínculo pedagógico se juega en la exclusividad de la presencialidad. Y los espacios virtuales?   

El coronavirus ha sacudido la zona de confort  de un paradigma educativo que hace tiempo está en crisis, quizá será hora de que lo  afrontemos. Pero no resistiendo con mirada nostálgica sino desplegando nuestros baluartes, enriqueciéndonos y considerando esta situación como una gran oportunidad de aprendizaje colectivo. Entonces así podremos decir que el rol docente, sea frente al coronavirus o a cualquier otra circunstancia mayor, se construye como suelo decir “surfeando en los cambios” y no resistiendo a ellos. La clave está en el movimiento.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
X