Docentes

El Rol docente en la Escuela Secundaria

“Merecemos las grandes oportunidades de la vida entanto seamos capaces de que otros también las tengan”

Profe, tengo miedo. 
¡Profe, estoy triste!
Profe, te quiero.

Quienes trabajamos en educación, sabemos que el rol del profesor no claudica con la transmisión de saberes. Pensar en establecer un vínculo entre docente-alumno, implica una entrega, una donación, que trasciende los muros de la enseñanza utilitarista , medida y confinada característica de la escuela tradicional decimónica.

La escuela secundaria de hoy está repleta de nuevas subjetividades. Actualmente, la educación media, es un ciclo obligatorio. Para algunos jóvenes, este tramo- con todas sus implicancias- representa un desafío inmenso: por un lado,  deben sumergirse en un entorno que históricamente fue reservado para pocos. Seguidamente, apropiarse de los conocimientos que- en muchas ocasiones- no los conectan con su mundo simbólico y además, transitar los inherentes duelos que se viven en la pubertad.

Muchos jóvenes de hoy provienen de familias ausentes, disfuncionales, carentes de contención. La pobreza, la marginalidad, la desigualdad social y la exclusión, atraviesa a miles de familias favoreciendo que la esfera escolar sea un ciclo en el cual afloren conflictos, dudas, soledades que no siempre se resuelven desde la perspectiva del linaje.

Pero nada de esto, transcurre por fuera de lo que se espera de un docente.  Todo, está mediado por maestros y profesores que en muchas ocasiones, suplen las ausencias de la casta y son centros de afectividad para niños y adolescentes, convirtiéndose en un motor que moviliza y agiliza sus ideas, sus búsquedas, y sus vidas. 

Pensar de esta manera, nos impacta y nos deja sin aliento. ¿Cuántos de nosotros- al tiempo que leemos estas líneas- nos conectamos con un nombre, con una cara o recordamos una situación, en la cual nuestro rol, ha sido detonante?

Sin lugar a duda, las falencias socioafectivas y la desigualdad social quedan desnudas al interior del ámbito escolar. Y aunque sabemos que el contrato fundacional de la escuela ha sido bajo otros preceptos, somos conscientes que no podemos desentendernos de esta nueva demanda que el todo social le hace a la escuela.

Ninguno de nosotros olvidará la figura de Merlí y su presencia en la construcción de la identidad de sus chicos. Una figura cautivante, capaz de interpelar a sus alumnos y motivarlos a buscar nuevos rumbos y a imaginar un proyecto de vida superador. Tampoco desconocemos el impactante caso de Erin Gruwell, la profesora de  Escuela Secundaria Woodrow Wilson Classical en Long Beach,California, quien promovió un fuerte y muy comprometido trabajo  de inclusión en jóvenes pandilleros, expulsados del sistema educativo norteamericano. 

Inspirado en su historia, el director Richard LaGravenese, estrena en el año 2007 “Freedom  Writers”(“Escritores para la libertad”) , documentando cómo un docente es capaz de cambiar la vida de tantos jóvenes olvidados.

A esta altura, no dudamos que la figura del docente trasciende la simple diagramación y ejecución de una clase, de una evaluación. Convenimos en que ser educador, es un acto de amor. Educar- en el amplio sentido de la palabra, es tender puentes para que nuestros jóvenes conozcan y aspiren a aquello que no ven, quizás a aquellos que todavía no conocen. Educar implica derribar los muros a los que nos limita nuestra propia existencia, ayudando a comprender la idea de que la realidad no será siempre la misma de hoy y que depende de nosotros construirla. Y en medio de esta tarea-y de todo el espacio para imaginar mundos posibles- está el docente.

Reflexionando ante todo lo concurrido hasta acá, me conmociono y me permito compartir con los lectores, la historia de Brian, un joven de dieciséis años, que cursaba su secundaria en una escuela media de Villa Soldati. 

Hacía ya mucho tiempo, que Brian no estaba atento a sus estudios, ni comprometido con su educación. Martín-su profesor- se preocupó por él asumiendo el compromiso de trabajar juntos para fortalecer su trayecto escolar y ayudarlo a que no abandonara la escuela. Sabía, que muy probablemente dependía exclusivamente de él la motivación que su joven necesitaba. Trabajaron por semanas juntos, y Brian estaba contento. Notaba mejoras y se sentía más seguro. 

Llegó entonces el día del examen para el cual tanto esfuerzo habían puesto ambos. Pero notablemente, su alumno, se ausentó. El profesor supo de inmediato que algo no estaba bien. Días más tarde, Brian regresó a la escuela, reconociendo frente a su profesor que había salido con su “banda” y había estado detenido, y que por ello no había podido concurrir al examen. 

El profesor sabía que el enojo y el reproche, no suponían ninguna chance para que Brian tomara conciencia . Lo palmeó por la espalda y juntos conversaron acerca de los pros y los contras de salir “de gira”- como Brian decía- versus programar y trabajar por un futuro mejor para él. Brian lloró. Nadie nunca le había hablado de esa manera. Jamás había pensado en una realidad diferente, porque no la conocía.

Transcurrieron algunas semanas, y llegó entonces otra instancia de examen. Brian llegó antes que nadie, incluso, que su profesor. Cuando Martín entró al salón- lúcido, expectante- observó que algo diferente, se esbozaba en la cara de su niño.

Brian, se acercó y con los ojos cristalizados, lo abrazó sin palabras. Minutos más tarde, con el corazón entre las manos, le contó que aquella charla que habían tenido, había hecho que eligiera decir NO frente a una nueva chance de 1.“salir de bondis” con sus amigos del barrio. 

Mortificado, le explicó a Martin que uno de sus amigos no había contado con su misma suerte y que había muerto por una bala en medio de un tiroteo, inmerso en una situación de robo. Su otro compañero- que tampoco había tenido más suerte– también luchaba por su vida.

¿Qué sería de nuestros Brian, sin un Martin? ¿ Que sería de nuestros alumnos, si no estuviéramos ahí para amarlos, comprenderlos y ayudarlos a transitar el mundo? ¿Serviría de algo, pasar por sus vidas sin pena ni gloria, y no mostrarles lo que consideramos la punta del ovillo, para que se transformen en aquellas personas que quieren ser?

¿Qué sería de nosotros, sin ellos? ¿Tendría sentido, en el mundo de hoy, ser meros “podios del saber”? ¿Acaso conduce a algo conocer, sin poder apropiarnos de esos saberes para mirar, comprender o juzgar al mundo?

Rol docente…¡tanto se habla de nosotros!  De cómo profesionalizarnos más, de cómo mejorar nuestras técnicas pedagógicas, de qué manera potenciar a los que más necesitan. 

Sin embargo, aún parecemos quedar invisibles en torno al vínculo que hace que todo lo anterior sea posible. En ese espacio, entre pecho y espalda, donde parece que nada pasa.

Y, por el contrario, es exactamente ahí, donde sucede la magia. 

Lic. Luz San Marco

  1. En la jerga tumbera, partir a robar.
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