Gestión

La continuidad pedagógica. Reflexiones sobre la práctica en tiempos de Pandemia.

Encuentros de la Red de Directivos de Instituciones Educativas (REDIE)

Durante el mes de junio, nos encontramos con docentes de todo el país que pertenecen a la Red de Directivos de Instituciones Educativas (REDIE), con la intención de compartir experiencias vividas en torno a la Continuidad Pedagógica. Quienes participaron provenían no sólo de distintos lugares de nuestro país: Santiago del Estero, Chaco, Buenos Aires, Rio Negro, Misiones, Córdoba, Santa Cruz, sino que además pertenecían a diferentes niveles y modalidades. 

El encuentro puso a la vista de todos el camino transitado en estos cien días de cuarentena que da cuenta de la relevancia y el rol indiscutible de la escuela en una coyuntura, jamás pensada, pero que impuso la toma de decisiones desde los equipos directivos para afrontar una realidad que superaba cualquier situación imaginada. 

Todos coincidieron haber vivido un primer momento como abrupto, impredecible, intempestivo, impactante, frente al cual se actuó de inmediato tratando de cubrir en las vidas de los estudiantes la escolaridad, a como dé lugar. Hay quienes manifestaron: “de pronto nos dimos cuenta que habíamos recargado a los estudiantes con tareas”, “ fuimos pensando y reflexionando que teníamos que establecer prioridades, que el contexto nos imponía de alguna manera un cambio en los modos de enseñar y que no era lo mismo que cuando estábamos en el edificio, sino que ahora nuestros alumnos ingresaban a nuestras vidas como también lo hacíamos nosotros a la suya, que lo que estaba programado había que dejarlo de lado, que había que parar la pelota y repensar lo que estábamos haciendo”. 

Esta experiencia vivida fue caracterizada como: desafiante, una invitación al cambio, una necesidad de pensar lo vivido de otro modo, una oportunidad de trabajar con la familia desde otro lugar, los invitó a cambiar la mirada. Se tuvo que establecer prioridades y decidir qué hacer. Hubo necesidad de tomar decisiones, de reorganizarse, de redefinir qué enseñar y cómo hacerlo. Se priorizó sostener el lazo, el vínculo, hubo que hacerles saber a los estudiantes que hay otro que se interesa por ellos. Se creyó importante trabajar sobre la prevención y la salud. 

Se seleccionaron distintos formatos y así surgieron múltiples formas de vincularse con los estudiantes y sus familias: surgió el Tic toc, propuestas de ESI, se resignificaron proyectos, se organizaron propuestas por curso, entre disciplinas a partir de intereses y necesidades, la radio se utilizó como canal de comunicación, se programaron varieté artístico familiar, convocatoria a ex alumnos para enviar un mensaje. Había que acercarse a los estudiantes y sus familias de alguna manera. No todo fue virtualidad, ya que muchos de los estudiantes no tienen acceso a internet y/o celulares, la escuela tuvo que acompañar con los módulos de alimento que se repartía a las familias los cuadernillos de trabajo, este momento de encuentro era clave para saber cómo estaban, se grabaron tutoriales, videos, audios, había que dejarles en claro que la escuela estaba presente. 

Surgieron términos como: repensar, revisar, estar disponibles. Se tomó conciencia del impacto que tiene la escuela en las vidas de los estudiantes, de la familia, del pueblo. Surgieron interrogantes: ¿Cómo llevar a cabo el acompañamiento a las familias? ¿qué vale la pena enseñar y aprender? Se advirtió que ciertas propuestas no eran factibles y se pensó en cambiar el rumbo… 

https://youtu.be/bsJwKysTEhg

Todas las experiencias compartidas tuvieron algo en común y fue el trabajo colaborativo, había necesidad de articular, de acompañar las trayectorias de los estudiantes de otra manera. Se hicieron acuerdos institucionales. Alguien manifestó: “en el aprendizaje cooperativo las angustias se dividen y las fortalezas se multiplican”. En este momento excepcional que se está viviendo todos son sujetos de aprendizaje, se está aprendiendo, y aun así, apareció la sensación de cansancio. 

Apareció la evaluación como una práctica que hace al quehacer docente, las evidencias daban cuenta si era efectivo o no lo que se estaba haciendo, y en todo caso indicaban que había que cambiar el rumbo. Una colega expresa: “cuándo nos dimos cuenta que estábamos perdiendo la comunicación, cambiamos la estrategia” 

Finalmente, apareció con una contundencia que emociona: “Los estudiantes llaman y preguntan: ¿cuándo vamos a volver?” 

Ahora pensamos… ¿cómo lo vamos a hacer?” 

* Lic. Diana Guinao 
Licenciada en Ciencias de la Educación. 
Asistente técnica del Consejo Provincial de Educación de Santa Cruz. 
Capacitadora de equipos de supervisores y directivos. 
Profesora del Instituto de Formación docente y Universidad Nacional de la Patagonia Austral. 
Directora y Vicedirectora de Institutos y escuelas en Caleta Olivia y Bariloche. 
Dirige junto a Ayelén Nuñez la consultora Tramas.bariloche 

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