Gestión

¿Evaluar o calificar?

Más que un dilema que desnuda la Pandemia

Dice Laura Lewin , una figura reconocida en el paño educativo: “Dime como enseñas y te diré como evalúas”.  A simple vista parece un eslogan copado del marketing educativo pero visto con ojos pedagógicos nos ayuda a desnudar un dilema que se vive en las escuelas. Que no tendría que ser vivido como tal pero que hacerlo visible destapa cuestiones de urgencia educativa. Muchos de nosotros o casi todos lo reconocemos y sentimos como tal.  El mapa de diagnóstico de la situación es:

*Docentes que enseñan pero cada cierre de trimestre pareciera que el mundo se detiene porque hay que evaluar!! Esto es sinónimo de conflictos y tensión. 

* Alumnos que sienten que de vez en cuando en su rutina escolar, se viene la prueba y comienza el diseño de machetes o largas noches sin dormir con intentos sobrehumanos por memorizar todo lo que dice el libro.

* Padres que o ayudan a sus hijos en esa odisea de estudiar para la prueba o en su defecto, cuestionan a posteriori por qué no aprobó su hijo si estaba para aprobar ( vaya a saber bajo qué criterios!)  porque ellos lo ayudaron.

*Directivos que se posicionan en zona de combate con mil armaduras para evitar cuestionamientos de padres, las quejas de alumnos, el hastío de los docentes que viven ese cuestionamiento o la observancia de inspectores en la que muchas veces bajo una mirada cuantitativa sostienen que hay aprendizaje si cierran los números de aprobados. Después qué se usaron  estrategias, qué  plan de mejora se implementó,  cómo fue seguimiento del proceso, no cuenta, solo quieren números.

Intenso el  panorama así descripto. Abrumador a su lectura pero así es la realidad de nuestras escuelas. El problema tiene nombre y se llama LA NOTA!!. Por supuesto que toda mirada pedagógica a las escenas escolares tiene un trasfondo filosófico-antropológico. Si lo más importante es qué nota tengo o qué nota le pongo o lo apruebo con un siete y no tengo problemas, o si aprueban todos así no tengo que soportar cuestionamientos de superiores; evidentemente se tiene un visón pobre y reducido del ser humano.  Y por ende del proceso de enseñanza –aprendizaje.  Vale la pregunta; solo unos cuantos números nos determinan el aprendizaje de nuestros alumnos o la calidad de la  enseñanza de nuestros docentes? Detrás de esta pregunta para nada menor urge poner en discusión ya no cómo enseñamos y cómo aprendemos sino para qué enseñamos y aprendemos.

En artículos anteriores les hablé de la urgencia de una ruptura epistemológica en cuanto a la concepción de educación que va arraigada a un cambio de mirada respecto del hombre. Digamos basta a esa forma de control que nos enajena y nos obliga a actuar bajo modelos opuestos a nuestra naturaleza como hombres. Digamos basta a esa mirada de control que cuantifica, que enajena. Y eso es lo que nos convoca en estos tiempos de Pandemia. 

Estamos desnudos de las categorías que nos daban la seguridad de pensar en trimestres, calificaciones numéricas, porcentajes de asistencias… y hoy trabajamos para hacer valoración pedagógica. Y para muchos pareciera que si no damos una nota,  el alumno no sabe, que si el docente no da todos los contenidos de la planificación por ende no está enseñando. Esta lógica del control nos enajenó. Porque muchos se encuentran inseguros de lo que están haciendo hoy en sus escuelas, que no es más que lo que hicimos siempre: acompañar el proceso de aprendizaje, ensayar otras estrategias para atender a la diversidad, ya hace mucho tiempo que nosotros los docentes nos dimos cuenta que la nota,  que un número no define, no determina porque el aprendizaje es constante, dinámico como el mismo ser del hombre. Que la nota es solo una forma de evaluar todo el proceso pero no la única. Y que su sentido es para  rever ajustes, que solo es un dato de información para las familias, escuelas y por supuesto para el mismo alumno. Solo un dato para operar sobre un proceso que lo sobrepasa e incluso abarca. Por ende por favor a despertarnos del sueño dogmático de la nota en la que nos adormece la lógica del control.

Empecemos a  decir basta al control porque es decir basta al reduccionismo. No tengamos miedo de este tránsito en el que valoramos pedagógicamente, aprendamos como docentes a ver en las fortalezas a potenciar y las debilidades a trabajar como oportunidades de aprendizajes. Somos artesanos de esta profesión porque estudiamos para llevarla a cabo con respeto y profesionalidad pero también le ponemos el alma en cada acción que emprendemos, hagamos respetar esa pasión. La pasión no la da el título, no la da la normativa, y muchos menos el control. Menos observancia a raja tabla de las normas y mas creencia y pasión en lo que hacemos. Sigamos trabajando en clave colaborativa, sigamos haciendo de las situaciones de crisis espacios de praxis docente. Defendamos esta noble tarea de ser en el mundo. No corramos tras la lógica del control, eso nos enajena, nos desacredita, nos saca el brillo. Nos arroja en un estado de no ser y ahí está la raíz de nuestro descrédito personal y social como educadores.

Nosotros, ustedes, cada uno de nosotros, somos profesionales de la educación, creemos con convicción y pasión lo que hacemos entonces puede este dilema;  nota sí o no, hacernos dudar hasta sentir miedo muchas veces, de lo que somos capaces de hacer en nuestras escuelas, en las aulas y junto a nuestros alumnos?. Verdaderamente no. Demos fin al dilema en nuestros discursos y prácticas escolares afirmando a la práctica evaluativa como parte del proceso de enseñanza. Sin este dilema, no damos lugar al control.

Vos, decís NO  a la lógica de control?

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