Gestión

Gestión Directiva y Gestión de las Emociones

Transformando la mirada

En este relato, basado en un hecho real, vemos cómo la gestión de las emociones son fundamentales para generar los cambios que nos propongamos.

“Siempre, en el Colegio, hacíamos lo mismo en cada acto de fin de ciclo lectivo: luego de lo protocolar del ingreso de las banderas de ceremonia y los cambios de abanderados para el año siguiente, de las palabras de Natalia, la directora del secundario, continuábamos con las premiaciones de los alumnos cuyas notas sobresalían, los mejores promedios. Una vez concluido esto, dábamos el respectivo cierre y adiós. ¡Felices vacaciones!

Natalia, se jubiló. Estuvo casi quince años compartiendo con nosotros la profesión. Siempre fue atenta y respetuosa. Estaba disponible para cualquier consulta y duda que tuviésemos. Es verdad que, a veces, era muy rigurosa con la normativa y su cumplimiento. Cada vez que venía el inspector, me acuerdo lo tensa que se ponía y como pretendía que toda la recorrida que hacía el supervisor saliera a la perfección. “No podíamos quedar expuestos”, comentaba siempre. No podía haber nada fuera de lo normal: ruido fuera de lo aceptable, alumnos fuera de clases, clases bulliciosas, profesoras sentadas en los bancos dando clases, clases desordenadas……Una vez, cuando hacía apenas dos años que estaba en el Normal (hace trece años que estoy), la cara de Natalia se puso violeta cuando junto al inspector me vieron fuera de clase, en el parque dando clases…….el reto que me dio en su despacho después, hizo que pensara dos veces antes de intentar dar una clase fuera del aula…..

No se podía decir que Natalia fuera una improvisada. No creo que conozca una Directora más minuciosa en los detalles y aspectos relevantes de la tarea docente. Los riesgos a los que estamos sometidos en la tarea diaria docente, Natalia sabía cómo atemperarlos. Por eso, los proyectos especiales, campamentos y salidas educativas, reuniones de padres, etc…….eran llevados a cabo siempre y cuando no haya demasiados riesgos. Nos protegía y para nosotros era importante. Sentíamos que habíamos aprendido mucho de ella. La valorábamos mucho.

La vida, pese a todo, continúa y no se detiene. Y llegó el día en que Natalia se jubiló. Llegó Julia, su reemplazo. En nuestro colegio, como en los demás colegios públicos, aparece una ansiedad distinta a lo que pasa en las instituciones privadas, que pueden elegir a su personal. Conociendo esto, suponíamos que cuando “venga el que venga, o la que venga”, más allá de algunas diferencias, sería más o menos estar, nuevamente, con Natalia. Siempre en el colegio los cambios de personal no alteraban la forma de hacer las coass.

Julia, ni bien entró, nos reunió a todos y se presentó. Luego, durante las tres semanas siguientes habló con cada uno de los profesores. Sorpresa grande fue cuando me alentó a proponer ideas “distintas” para motivar a los alumnos. Eso suponía poder desarrollar clases en otros lugares que no fuera el aula. Había hablado lo mismo con los demás profesores. Es así como se hicieron más habituales las salidas al patio y al parque del colegio, los campamentos de educación física, las visitas educativas…se llevaron a cabo viajes de estudio (Natalia los había prohibido porque eran costosos, y no quería que haya “ningún” problema). En este primer año, el colegio se “movió”. Hasta los padres se asombraron. Recuerdo que los padres de Mateo, un alumno de segundo año, llegaron al colegio y luego de saludarme me dijeron: “qué pasa en el colegio? Está cambiado.” 

Pero, llegando al final del año, Julia nos citó para ver y organizar el acto de fin de año. Nos miramos con Juana, la profesora de matemática de 5to año, y nos miramos extrañados. ¿Con Natalia, juntarnos antes por el acto de fin de ciclo? Una semana o dos como mucho, nos reuníamos en sala de profesores durante el recreo y repasábamos los movimientos de los alumnos, quién haría la locución y listo. Esto era raro, citar a todos los profesores mucho antes…casi dos meses. Además de la sorpresa inicial, el asombro fue mayúsculo cuando arranco diciendo: “Qué les parece el formato del acto de fin de año? ¿Las familias y los alumnos, que pensarán?  ¿Y lo más rimbombante…se podría hacer de otra manera?  El silencio fue total. Julia espera respuestas y en su lugar encontró un vacío silencio. Supo manejar esa tensa calma y dejó con un “lo vamos pensando para próxima. Traigan algunas propuestas, si?!”.  No sabíamos qué se proponía Julia con esto: ¿cambiar algo que veníamos haciendo tradicionalmente? ¿Si salía bien y todos estábamos conformes? ¿qué quería modificar…? Eso es lo que nos preocupaba.

Llegó la próxima reunión. El clima fue un poco distinto al anterior. Cuando Julia, finalmente lanzó el “¿Y, que pensaron sobre lo que quedamos en la anterior reunión sobre el acto de fin de año?”. A mí particularmente no se me había ocurrido nada que consideraría importante para comentar. Sí aparecieron las profesoras de arte diciendo que se podían agregar alguna decoración más pintoresca y viva, con algunos toques bastante originales. También, se sumó el área de educación física agregando que se podría cambiar cómo se ordenaban los alumnos en el salón de actos y cómo se generaría la desconcentración. Recuerdo que los profesores de geografía e historia tiraron algunas ideas para enriquecer el discurso de despedida, que hacía uno de los alumnos de la camada de egresados, elegido por sus pares. Beatriz, de informática, sumó que sería bueno agregar música cuando se nombren a los alumnos destacados por ser los mejores promedios.

Julia atendió con atención y ademanes los comentarios de los profesores. Cuando finalmente se hizo un silencio y las miradas, como buscando cierta aprobación, se centraron en ella, expresó: “Están bien estas cosas que sugieren. Pero, me gustaría pensar con ustedes en algo más que las cuestiones de formas, que son importantes, de cómo decorar el salón y cómo presentamos el acto”. Seguido a esto, expresó la necesidad de reflexionar sobre qué era lo que estábamos destacando cuando premiábamos a los alumnos. “No sería bueno que podamos, como cierre de año, también poder destacar a otros alumnos que se hayan destacado en otros aspectos. Solamente las notas se iban a premiar. No estaría bueno, además de nombrar los mejores promedios, resaltar al mejor compañero, al mejor proyecto presentado, al servicio solidario, a la actitud de voluntad y perseverancia demostrada por un alumno en algún área, a los que participaron de eventos especiales” ……….Habíamos quedado que nos volveríamos a reunir en una semana.

Los profesores de artísticas, para esa oportunidad, propusieron que, además de destacar a los mejores promedios de sus clases, iban a premiar a los alumnos que mejores trabajos expuestos, por trimestre, hayan presentado. Tecnología, expuso que quería resaltar a los alumnos que colaboraban siempre con los profesores, casi como siendo “ayudantes de cátedra”. Música, opinó que sería bueno hacer lo mismo con aquellos alumnos que para los eventos especiales: actos escolares, campamentos y banda de música del colegio, se mostraron comprometidos con el colegio. Ahí, en un rapto de inspiración, me salió de la boca impulsado por ese ambiente creativo, por qué no premiar a aquellos alumnos que tenían una muestra evidente de interés y preocupación por los demás, los que representaban al bien común. Julia, se sorprendió justamente que yo, docente de Química, expusiera aquello. Por ello, fundamenté que en mis clases casi siempre había momentos de discusiones o conflictos entre los alumnos, situaciones en donde aparecían aquellos que mediaban y ponían racionalidad para que el tono y la forma de relacionarse entre ellos no produzcan situaciones de maltrato verbal o físico. Vi, posteriormente, la cara de Julia con una leve sonrisa de aprobación. La profesora de Literatura explicó que tenía pensado hacer un concurso literario en sexto año, donde cada alumno describa su paso por el colegio. Iba a destacar las cuatro mejores producciones: una de cada modalidad (Economía, Naturales, Comunicación y Sociales).

Finalmente, en el acto de finalización de ciclo lectivo 2013, vimos casi colmado el teatro de gente. Antes, llegábamos a ocupar casi la mitad del espacio. Más familia y alumnos convocados. Más cosas para destacar en los alumnos, como dijo Julia en parte de su discurso: “A continuación, vamos a destacar el esfuerzo durante el año de los alumnos. En todos hemos visto algo para destacar: buenas notas, compromisos solidarios, buenos compañeros, esfuerzo y dedicación. Queremos resaltar en el Normal 3, la variedad de Talentos que poseen nuestros alumnos”. Los aplausos del público al final del discurso fueron para destacar. El acto tuvo una dinámica y desarrollo desestructurado, distinto y eso contagiaba a todos. Al final, cuando ya se habían dado las felices vacaciones y hasta el próximo año, los padres de Hernán, alumno que estaba egresando por la modalidad de Naturales, se aproximaron. Junto con los saludos respectivos, las palabras de aquellos papás siguen resonando en mí: “La verdad que les tengo que agradecer a todos….es la primera vez que vengo al acto de fin de ciclo. Nunca lo habían convocado a Hernán, se llevó materias todos los años y siempre nos costó mucho que no lo hiciera. Y que hoy, justo cuando finaliza el colegio lo llamen para entregarle el premio al compromiso solidario; y que seamos nosotros los que le entregamos el diploma nos llena de satisfacción y mucha felicidad. Viste Beatriz, en algo se destaca Hernán, tan burro no era”. La cara de Hernán, que recién se acercaba a nosotros, era felicidad pura”.

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