Docentes

Leer y escribir en el jardín de Infantes

La planificación de las diversas situaciones didácticas de Prácticas del Lenguaje y Literatura que se desarrollarán en la sala a lo largo del ciclo escolar es una tarea compleja que necesita evaluar lo que se hizo el año anterior para tomarlo como punto de partida, llegar a acuerdos, revisar estrategias, pensar colectivamente en función de los propósitos y los objetivos de la enseñanza. Pero esta complejidad no puede significar que las situaciones que se dan en el aula (hasta las que pueden ser consideradas – erróneamente – como de menos importancia como leerles a los niños un cuento) no sean planificadas y sean dejadas al azar. Cuando se piensa en una planificación anual se hace referencia a un documento elaborado por todo el equipo docente y directivo que irá teniendo modificaciones a lo largo del año pero que permite unificar criterios y hacer que todas las acciones se guíen por tres principios básicos del trabajo docente: continuidad, diversidad y coherencia. Llegar a estos acuerdos no es sencillo pues requiere no sólo compartir miradas comunes sobre el acto educativo, sobre las actividades que se van a desarrollar sino también compartir una misma perspectiva epistemológico – didáctica en torno a la enseñanza del objeto de estudio.

Como ya han escrito varios especialistas cuando se hace referencia a las Prácticas del Lenguaje se está considerando al objeto de estudio de la lengua pero no desde sus aspectos formales sino a la lengua en uso, en situaciones concretas en las que un hablante deba usar todos sus conocimientos lingüísticos para poder comunicarse. Esta perspectiva es ideal para el trabajo en la sala pues es en el nivel inicial donde se producen las interacciones más interesantes entre los diversos hablantes que van descubriendo un mundo distinto, el de las palabras en su contexto y con todo su poder creador que puede ser utilizado con distintos propósitos. Pero cuando se habla de las Prácticas del lenguaje también se hace referencia a la Literatura por la íntima relación que existe entre ambas (aunque muchos diseños curriculares la separen – con acierto – de ella). La literatura en el nivel inicial debe ser pensada como una introducción al mundo de los libros, de las historias que pueden ser narradas o leídas y que ven formando desde las edades más tempranas a un lector en potencia. Como producto artístico no sirve para nada más que para ser leída y disfrutada (por el goce estético o acompañándola de algún juego) y esto lleva a la gran tarea del docente que es la de mediar entre el mundo de los libros y el de los niños.

Estas concepciones epistemológicas deben plasmarse en la planificación y es necesario que sean compartidas por todos los docentes para que de esa forma los aprendizajes de los niños tengan una continuidad a lo largo de toda a escolaridad.

Cuando se hace referencia a la planificación se propone que las actividades cotidianas, las que se desarrollan todos los días también sean planificadas y que sean evaluadas de forma permanente para ver su marcha y poder modificar posibles errores. Dentro de las actividades permanentes o de rutina hay que considerar en primer término las situaciones habituales de oralidad, las de escritura en general y del nombre propio en particular y las de lectura y escritura. Cada una de ellas debe considerarse en un momento específico por diversos propósitos. Por ejemplo el trabajo con la oralidad debe estar presente a partir del período de inicio y no puede dejarse en todo el ciclo escolar pues es a partir de la palabra, del intercambio y de la interacción verbal con los otros que se irá aprendiendo. Este momento tan especial en el que confluyen por un lado diversos contenidos de enseñanza y de aprendizaje que servirán para que se conozcan mutuamente el niño con su docente, generando un primer vínculo en un espacio nuevo, el de lo público. Algunas de estas actividades en torno a la oralidad que se desarrollan son la manera de hacer pedidos diversos, manifestar las necesidades y los sentimientos, relatar y escuchar hechos vividos, observados o escuchados, usar las diversas fórmulas de cortesía, interpretar consignas, preguntas y poder formular respuestas. Con respecto a las actividades habituales de lectura y escritura que habría que planificar son las que están vinculadas con diversas escrituras, por ejemplo del nombre propio y de otras palabras pero siempre en contextos reales de uso, a efectos de que no se aprendan solo palabras sino a construir textos con sentido.

Si bien en el nivel inicial se trabaja con la literatura desde un punto de vista estético, vinculado con el gusto por la lectura y es la base para la formación de un lector – tal como se lo ha afirmado antes -, es importante incluir algunas actividades de lectura y de escritura vinculadas con ellas como por ejemplo la localización de títulos en la agenda mural, la escritura de listas de personajes de cuentos, mitos y leyendas en parejas, registro de apreciaciones sobre los cuentos leídos, etc. Obviamente que no hay que caer en un mecanicismo y hacer de estas actividades una rutina que terminen haciendo perder el interés de los niños por la lectura sino tan sólo ver a los textos que se pueden producir como una posibilidad más para formar lectores (por ejemplo ante el pedido por parte de la maestra de elaborar de manera colectiva un texto en el que recomienden un texto literario están desarrollando no solo una práctica de escritura sino también de lector crítico posicionándose frente a lo leído y recomendándoselo a los compañeros de otras salas).

Además de este trabajo permanente con las situaciones de lectura y escritura se propone trabajar con algunas secuencias y con proyectos. Con respecto a las primeras, como señala Pitluk “La organización de la planificación a modo de secuencias didácticas se sustenta en el reconocimiento de la necesidad de acercarse en diferentes momentos y de distintas formas al objeto de conocimiento. La enseñanza de los contenidos, entendidos como la organización escolar del conocimiento, no se realiza nunca a través de una sola aproximación ni una sola propuesta, sino que implica volver a trabajarlos recreando las posibilidades de apropiación de los mismos y de enriquecimiento de los aprendizajes.[1].” Por esto la importancia de trabajar con algunas secuencias que le podrán significar al niño ver los contenidos desde otra perspectiva. No es necesario llenar una planificación con tantos proyectos y secuencias, sino sólo con algunos y con propósitos claros, trabajados en profundidad y que tengan un carácter integrador que signifiquen revisitar los contenidos e ingresar a ellos por otras puertas.

A modo de síntesis se ofrece una grilla como ejemplo de la manera en la que podrían estructurarse las diversas modalidades de enseñanza en el trabajo anual con las Prácticas del Lenguaje y la Literatura para una sala de 5 años. Esto es tan sólo una distribución de contenidos y actividades que sirven para observar cuán compleja es la tarea de planificar[2]:


[1] Reflexionando sobre la planificación y la observación en la Educación Inicial: la importancia de las secuencias didácticas y el análisis de las propuestas de enseñanza. Lic. Laura Pitluk.

[2] Se toma como base el modelo propuesto por la Dirección de Capacitación de la provincia de Buenos aires (2011) en Pensar la enseñanza de las Prácticas del lenguaje en el Nivel Inicial.

actividadesjardin

Como se podrá observar, en esta planificación hay un entramado de contenidos y actividades que hacen que sea un todo armónico y coherente en función de los objetivos propuestos. Fue pensada como un camino a recorrer, con acciones que marcan el día a día escolar y otras que se van trabajando en determinados momentos pero en relación con las primeras. Como se ha podido observar hay cuatros situaciones habituales que aparecen: las de intercambio, las de lectura y escritura, las de la organización y uso de la biblioteca de la sala (que implica actividades tales como la exploración de todos[1] los materiales de lectura disponibles; registro individual de préstamo de libros, agenda mural de lectura; armado y circulación de bolsas viajeras; recomendaciones orales y escritas para la cartelera del jardín, lectura de biografía de autores, etc.) y el el cuarto grupo de actividades permanentes esta constituido por los textos literarios que serán leídos o narrados por el docente a los niños.

Como le lectura de lo literario no debe ser caótica  y desordenada se propone un recorrido  con distintas características. En los meses de marzo y de abril se inicia el recorrido con leyendas y mitos de la Argentina[2]. Se comenzará primero por leyendas y luego por mitos para partir de lo más cercano y luego ir hacia lo más complejo y atemporal. Tanto una como otras, por ser de tradición oral podrían ser narradas por el docente para atraparlos con la historia y con el recurso maravilloso de la palabra. En el mes de mayo se propone seguir la obra de un autor (en el ejemplo aparece Liliana Cinetto pero hay gran cantidad de autores que podrían ser leídos como Elsa Bornemann, Graciela Montes, Adela Basch. Ricardo Mariño, Javier Villafañe, Gustavo Roldán, etc.). Esto le posibilitará – por medio de una buena selección por parte del docente – de disfrutar de historias (en este caso leías para ver el estilo del autor), temáticas, personajes comunes, etc. En el mes de junio la propuesta consiste en trabajar con historias (podrían ser cuentos o poesías) que tengan algún personaje como constante, se propone aquí los ratones pero podrían ser lobos, princesas y príncipes (con el recaudo de no caer en las versiones alejadas de los textos originales y reduccionistas de Walt Disney), etc. Para los meses de julio y agosto se propone un recorrido con los libros álbumes, un formato textual atractivo en el que el paratexto ocupa un lugar de especial importancia. Con ellos los niños podrán, solos o en pequeños grupos, leer las imágenes y con la ayuda del docente buscar la relación entre lo que se cuenta en la historia y la manera en la que se complementa el sentido gracias a la presencia de la imagen.  

La literatura folclórica aparece una vez más en los meses de septiembre y octubre de la mano de las canciones, poesías, rondas y nanas. Toda esa literatura oral y anónima (y también puede ser de autor) es una excelente oportunidad para disfrutarla, cantarla, jugar con ella en el recreo, vincularla con las familias y con las que ellos puedan llegar a conocer.

Con todo el “entrenamiento” anual, en el mes de noviembre se propone la lectura de una novela para niños, en este caso concreto El pequeño Orbis Pictus de Alicia Zaina. Esta obra consta de 14 capítulos y un epílogo y puede ser leída por entregas a los niños, es decir, cada día un capítulo, retomando día tras día lo leído con anterioridad.  En ella se narra la historia de un pequeño libro que fue olvidado en la parte as alta de una biblioteca y que vive una serie de aventuras ayudado por sus amigos. Es una manera de cerrar el año con el libro, el gran compañero que los niños han tenido a lo largo del año.

Como se puede ver, se proponen dos secuencias didácticas, por un lado una vinculada con una experiencia directa que consiste en la visita a una biblioteca arrial en el mes de mayo y otra que trata sobre la producción de un cancionero. Cada una de ellas se ubica en un momento determinado del año en función de las lecturas que se han abordado mensualmente. Algo similar sucede con los proyectos que se proponen que consisten en la elaboración de un fascículo (u otro tipo textual) sobre costumbres argentinas y el último propone una muestra a partir de todo lo trabajado en el área durante el año. Lo que se propone es una muestra de tipo estática, sin caer en las constantes que muchas veces se observan y que carecen de fines didácticos como hacer que los niños actúen. 

Luego de leer esta propuesta se advierte la gran complejidad que existe en el momento de planificar y la importancia que tienen todas las decisiones en torno al curriculum y la planificación que se adopten. No puede dejarse de lado la idea de que las lecturas que se hacen en la sala deben estar ordenadas, formando bloques (ya sea por colecciones, autores, personajes, temas, tipos textuales o cualquier otra agrupación que se le ocurra al maestro) y que deben ir ofreciéndose de manera gradual para que sean disfrutadas y que colaboren en la formación de futuros lectores. Acompañando a esto, y desde el plano de la escritura, el producir textos – ya sea por sí mismos o por medio del dictado al maestro – socialmente significativos les va a posibilitar desarrollarse como lectores y escritores competentes.


[1] La palabra “todos” implica que el niño debe tener acceso a todos los libros y que no debe existir en la sala libros que por su valor no puedan ser usados por ellos pues el tema del valor y del cuidado de los materiales es un contenido de enseñanza que debe ser trabajo por el docente.

[2] Se podrá cambiar y ampliarlo a América latina o de otros países si existen alumnos de otras nacionalidades.

Dr. Marcelo Bianchi Bustos

(Academia de Literatura Infantil y Juvenil /
ISPEI Sara C. de Eccleston)

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