Gestión

Menos “yo el Director” y más equipo

Menos escritorio y más patio.

Es sano empezar a pensar más allá del estado de novedad en el que nos arrojó la  situación de Pandemia, para visibilizar también las urgencias que desnudó no solo en el aspecto escolar sino en el plano existencial. Tal como sostuve en el artículo anterior, tenemos la urgencia de ir hacia una ruptura epistemológica que enmarque el  juego educativo en escenarios más reales y con mayores impactos en la vida de nuestros estudiantes. Ruptura que implica un cambio de paradigma y de instalación efectiva sobre las condiciones en las que se configura hoy  el aprendizaje y la enseñanza.

Esa ruptura también implica una reconfiguración del rol de los Directores. El paso de un rol burocrático: el del señor/a capataz en un marco de obediencia. Al de un rol de liderazgo de un grupo de personas.

Vamos a describir qué implica el rol burocrático de un Director. Que es un ejercicio actual y viciado en las escuelas hoy. Cuántas veces hemos resistido a un ejercicio del rol, al buen estilo señor capataz. Donde la escuela se convierte en una fábrica con operarios. Cuya únicas metas son el cumplimiento vacío de  tareas de reproducción y por sobre todas las cosas la suerte de reverencia que esos trabajadores deben rendirle. Reverencia que muchos docentes cristalizan en un sí a todo. Nuestros oídos han escuchado y dicho también, en más de una ocasión frases como: “Lo hago así porque lo dice el Director… “Tengo cuidado, por si me escucha el Director”… “Digo que si a todo, así no me molesta más”… entre otros ejemplos que no hacen más que desacreditar una figura que se convierte en un holograma de lo que tendría que ser un gestor de escuelas.

El  ejercicio del rol directivo en su versión capataz, es vivido bajo una lógica amigo-enemigo. Los docentes que están a favor y los que están en contra. Solo el incapaz de liderazgo toma en la división del personal la oportunidad de ser lo que por sus propias capacidades no puede; porque siente temor y genera temor.

 El temor es el sentimiento que despierta este rol en las personas que lo rodean. Y quiero centrarme en el impacto que el temor genera en los docentes. Si el vínculo que genera el director es de temor, es poco probable que hablemos de una gestión de conducción basada en el liderazgo. El líder no oprime, el líder no ve en el otro una amenaza sino oportunidades de crecimiento compartidas.

El Director –capataz no crece profesionalmente porque está anclado en su zona de confort. No deja crecer tampoco porque teme que otros puedan arrebatarle un “poder” que claramente no le pertenece e incluso no lo detenta. Porque el ejercicio del poder nace, se nutre y se revalida junto a los otros . Ya que el poder  no es más que el ejercicio de un rol y las relaciones que teje, es microfísica. Pero los Otros son una  figura ausente en una escuela-fabrica. Los Otros son los negados porque  en este tipo de escuela lo que no hay es un GRUPO. No hay sentido de pertenecía solo de obediencia. No hay sentido de escuela solo de mando. Y no hay sentido de grupo porque no hay metas comunes porque no hay trabajo en equipo.

En cambio el Director – líder, siente como responsabilidad primera en una escuela; la construcción de un grupo. La presencia de muchos docentes de diferentes materias no implica un grupo.

La prioridad es el grupo, el sentido de comunidad en la escuela, el sentimiento de sentirse parte de proyecto educativo. Es necesario, es urgente hacer grupo. Y armar un grupo es conocer a cada uno, valorar sus zonas de fortalezas, potenciarlas. Reconocer y hacerles reconocer sus zonas grises, de debilidades y poder trabajar sobre ellas. Además el liderazgo de un grupo implica  compartir una visión y misión en el marco de un horizonte institucional común. En este escenario el temor ya no es la atmósfera que respiran los docentes sino la empatía. Un verdadero líder crea la primera condición para la gestación, crecimiento y sostenimiento de un grupo y esa condición es la empatía. Nada más y nada menos que poder percibirse con los Otros. 

El Director -líder es cuando comienza a ser con los Otros, con sus docentes. El liderazgo efectivo es la conducción de un grupo de personas que conoce bien, que sabe cuando potenciar esos talentos, que sabe el momento oportuno en el que esa palabra le resultará un oasis a su estado de incertidumbre, cuando un error lo puede hacer sentir como una oportunidad de aprendizajes, cuando se arremanga y trabaja junto con ellos, cuando asume los conflictos como situación de todos y no de algunos, en fin el liderazgo que necesitan nuestras escuelas hoy implica caminar la escuela, escuchar a todos, trabajar con todos y saber que no son los logros del Director sino el de todos, el de un Equipo.

Recordá que un buen Director es aquel que trabaja cada día para que sus docentes logren su mejor versión de sí. Pero primero tiene que lograrlo él. 

 Vos qué tipo de Director elegís para tu escuela?

 Silvana Moreno

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