Docentes

Otros modos de enseñar: ¿Es posible educarnos sin escuela? ¿Qué aporta la virtualidad y qué no puede reemplazar?

“La escuela es una institución que nace en un momento histórico en clave de una época y muchas veces las claves de la época se modifican y modifican la escuela”

Silvia Serra (2016)

En la actualidad ante la emergencia por la pandemia del COVID-19, escuelas, docentes, directivos, directivas y familias, nos encontramos desplegando formas inéditas de construir lazos, de acercarnos a los otros y las otras, de incluir a todos y todas, de pensar en él y la que no está, de sostener al o a la que le cuesta encontrarse. Si en la escuela cuerpo a cuerpo, como la conocemos, es imposible enseñar y evaluar sin vínculo, sin lazo que nos sostenga, este tiempo de distanciamiento social, de trabajo a la distancia, nos obliga a redoblar los esfuerzos por enseñar y evaluar con gestos amorosos.

Desde cada Institución Educativa, el tema que más nos preocupa es acerca de cómo llegar a todos/as en este contexto particular y cómo hacemos para que ese contacto resulte significativo, tanto en términos del sostenimiento del lazo social, como de aprendizaje. Preguntas que, en realidad, ya estaban presentes antes del aislamiento. Es decir, ya representaban una preocupación en la cotidianidad de la presencialidad.

Sin embargo, es cierto que en esta coyuntura este aspecto reviste otros problemas: el acceso a los dispositivos y a la conectividad, y el lugar de la familia en el acompañamiento del trayecto pedagógico de los adolescentes.

Sobre el primero, en esta etapa de esperables marchas y contramarchas, estamos diagnosticando un estado de situación para encontrar el mejor medio de interacción sin que este agrave aún más las desigualdades e inequidades en la distribución de los recursos sociales y culturales.

Por lo tanto, se nos presentan preguntas tales como ¿Cómo enseño por WhatsApp? ¿Facebook? ¿Clases de apoyo por Zoom? ¿Classroom? Hasta enviar un correo electrónico puede resultar un problema, dada las limitaciones técnicas y culturales de las/los estudiantes y familias.

A propósito de esto, mucho antes de la pandemia Mariana Maggio se preguntaba: ¿Dónde están nuestros estudiantes: ¿en Facebook, twitter, Instagram, WhatsApp, Snapchat, tik tok? Y se respondía: “pues nuestra materia debería estar allí“. A la luz de los recientes acontecimientos creo que esta afirmación cobra nuevos significados.  No solamente para “solicitar y corregir”, sino para “repensar las actividades, contextualizarlas y que tengan sentido”.

En segundo lugar, es evidente que, las familias, también son las destinatarias de nuestras propuestas pedagógicas. El hogar, en este contexto, se vuelve escuela y contenido. ¿Cómo producir propuestas que involucren a las familias sin sobrecargarlas ni exponerlas a situaciones de frustración o angustia? Es otra pregunta que se nos impone. Por lo pronto podemos decir, que la escuela en este tiempo se constituye en el primer y último lugar de “lo público”.

En este marco, ese conjunto de actividades o propuestas que llegan a las casas dan cuenta de que la escuela está abierta y sostiene el vínculo pedagógico para poder cuidar, enseñar y construir comunidad en tiempos de aislamiento social preventivo y obligatorio en presencia de esta pandemia global. “​Lo valioso va a ser que ese espacio que llamamos ‘escuela’ siga operando como una forma de encuentro que permita un cierto tipo de trabajo con el conocimiento que no es suelto, no es para ganarle a nadie, sino que es para abrirse otros mundos propios y con otros.

Así que yo diría eso: hay que hacer escuela en estas condiciones, hay que hacer escuela en pantuflas, hay que disponerse lo mejor que podamos en este tiempo tan raro para nosotros, para que pasado mañana –en julio, en agosto, en septiembre: no sabemos–, cuando volvamos a vernos las caras en las aulas y a compartir risas y chistes, que los chicos sepan y nosotros sepamos que estos no fueron meses perdidos, sino que fue un tiempo excepcional, muy raro en la historia humana, en el que estuvimos dispuestos contra viento y marea a seguir aprendiendo, a seguir construyendo algo juntos. Es muy importante que los chicos sepan que ellos nos importan, que nosotros importamos y que, al final, lo que tenemos es eso: el nosotros​”. (​ Dussel, Canal ISEP, 2020) [1]

En ese sentido esta situación nos obliga aún más a jerarquizar nuestras intenciones. Los esfuerzos de las escuelas por sostener los vínculos forman parte de las políticas de cuidado, intentando a través de esos vínculos fomentar otras rutinas, construir el lazo sin importunar a los estudiantes y sus familias, pero haciendo presente el lugar de la escuela ofreciendo herramientas y accesos a diversos modos de aprendizaje.

[1] “La clase en pantuflas” fue un conversatorio dictado por Inés Dussel y organizado por el Instituto Superior de Estudios Pedagógicos (ISEP) de la provincia de Córdoba. Sugerimos su consulta para sumar aportes que nos permitan pensar la situación inédita por la que atravesamos. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=6xKvCtBC3Vs

Sobre la autora

Karina Alejandra Sarro

Cargo/s: Profesora de Comunicación y Medios
Entidad de procedencia: Escuelas Educación Secundaria- Fines- Cátedra de Lingüística UNM
Lugar de procedencia: Argentina- Pcia de Bs. As.- Moreno.
Correo electrónico de contacto: karsarro@abc.gob.ar
Celular: 1166405658
Cuentas en redes sociales, si quieres contribuir a su difusión:
Facebook: https://www.facebook.com/karina.sarro

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
X