Educación

Post Pandemia, ¿qué debemos acumular y qué debemos resignificar?

Cómo será el devenir de la escuela en el escenario futuro

A raíz de la situación de Pandemia que estamos atravesando, se ha generado por primera vez, un cambio inédito en el formato escolar de todo el Sistema Educativo, que obligó a la escuela a modificar sus prácticas. Las instituciones educativas se cerraron y la tecnología pasó a ser una herramienta imprescindible a la hora de sostener y mantener el vínculo con los alumnos y las familias. La presencialidad dejó paso a la virtualidad. 

Esto implicó, necesariamente, que reflexionemos acerca de qué cuestiones o aspectos serán necesarias reforzar y sostener, y cuáles deberán repensarse o resignificarse; porque, claro está, este contexto que vivenciamos nos interpela y nos moviliza a pensar cómo será el devenir de la escuela en el escenario futuro.

Cuando sucede una crisis, se genera una oportunidad que nos obliga a ponernos a pensar y a ser imaginativos para poder dar respuestas y volver a encontrar un nuevo equilibrio ante la inestabilidad y la incertidumbre que se han suscitado. Y para ello, será necesario, coincidiendo con el escritor y filósofo Eric Hoffer, tener la capacidad de estar abiertos al cambio y al aprendizaje, ya que de esta manera nos adaptaremos mejor al escenario futuro que aquellos “que creen saberlo todo”. Por ende, ante la incertidumbre que ha generado la Pandemia, la escuela en estos tiempos debe tener la capacidad de adaptarse a los cambios y de reconstruir-se, para poder reflexionar sobre sus prácticas.

Como abunda Morin (2002), al referir que hay dos alternativas para hacer frente a la incertidumbre: tener conciencia de lo que representa enfrentarla, ya que “la plena conciencia de la incertidumbre se vuelve la plena conciencia de una apuesta” (p.40). Y la segunda alternativa es la utilización de un plan de acción, o, mejor dicho, de la estrategia. Será el emprender un camino entre la continuidad y la deconstrucción.

Uno de los aspectos que se debe atesorar, y que se ha observado en la Pandemia, es el fortalecimiento del Vínculo entre escuela-alumno y familia. La empatía, será una de las habilidades necesarias en los Docentes. En este sentido, Leoz (2019), destaca el posicionamiento subjetivo por parte del Docente y el alumno, el reconocimiento de ambos como sujetos pensantes y deseantes condiciona el modo en que se establecerá el vínculo educativo. Vale agregar que nos dice Morin (2002), con respecto a que “la comprensión mutua entre humanos, tanto próximos como extraños es en adelante vital para que las relaciones humanas salgan de su estado bárbaro de incomprensión” (p.3).

Deconstruir el lugar del alumno y el profesor, visibilizar y reconocer al alumno será crucial, ya que para posibilitar que un sujeto aprenda es fundamental que un Docente esté presente y lo aloje, generando que despliegue todas sus potencialidades (Fazio 2013). Esto conlleva a que se presenten y desarrollen clases donde la empatía, el diálogo, la escucha y la disponibilidad de los docentes son elementos que favorecerán el proceso de enseñanza-aprendizaje de los alumnos. Y, es preciso destacar, coincidiendo con Nuñez (2005), que este vínculo que se genere, requiere sostenerlo y reinventarlo, pues no se construye de una vez y para siempre.

Y lo que será necesario resignificar será el lugar del docente en el proceso de enseñanza aprendizaje. El modelo donde el docente centralizaba todo el conocimiento, y su autoridad reposaba en la utilización del poder, deberá dejar paso a una forma de autoridad y de poder distribuido. El lugar del docente como poseedor exclusivo del saber, que lo erige como palabra absoluta, incuestionable, genera una posición pasiva en los alumnos, que genera, desinterés, indiferencia y apatía. Y puede traer como consecuencia, en lugar de revincular al alumno con la escuela todo lo contrario, con riesgo de abandono, no sólo de una o varias materias específicas, sino de abandono escolar. Zermanovich (2013), describe esto como una posición de dominación del docente sobre los estudiantes.  Será necesario hacer participar a los alumnos, utilizando como instrumento primordial el diálogo, en el establecimiento y conformación de normas consensuadas de convivencia institucional, como así también en los contenidos y proyectos curriculares que se lleven a cabo.

Resignificar este discurso disciplinador, que ejerce su dominación sobre los estudiantes a través de en un saber que tiene-posee el docente, que es inmutable, rígido, estable e incuestionable, y que no favorece el vínculo empático con los alumnos, es un posicionamiento central institucional. Para ello, vale considerar lo que comenta al respecto Gutiérrez (2012), cuando resalta la importancia de implementar un modelo dialógico como alternativa, ya que “el riesgo es la fijeza, no el pasaje por. Al contrario, la movilidad es la clave para lograr no sólo transmitir, sino también promover que algo del lado del estudiante emerja como novedoso” (p.248). Y de este modo, una gestión escolar que se centre y actúe sobre estos aspectos, hará erigir una escuela que aprenda ante la crisis. En sintonía con lo que nos dice Romero (2008), cuando menciona que una “gestión escolar que se preocupa por la mejora en la escuela, se erige en una verdadera gesta en el sentido de volver a concebirla y hacerla crecer en un acto de esperanza vital” (p.10).

Mg. Damián Pezzenati

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