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El desafío de superar el fracaso escolar

Convertir los fracasos en éxitos

Todo niño comienza su vida escolar con ilusión, ansiedad, incertidumbre, esperanzas, sueños…Sin embargo, a veces, esto se ve empañado cuando no logra sortear los obstáculos que se le van presentando en el camino, sintiendo por el contrario, tristeza y desilusión al no poder llegar a la meta como el resto de sus compañeros.

En esos casos nos preguntamos: ¿Fracasa el alumno? ¿Fracasa el docente? ¿Es pertinente hablar de fracaso como algo que ya no tiene solución? O acaso… ¿No se aprende también cuando al no poder evitarlo, se convierte en un desafío a superar?

Evitar el fracaso escolar debe transformarse en uno de los objetivos principales de la educación y estamos convencidos de que la mejor solución para cualquier problema es la “prevención”. 

Por ser múltiples las posibles causas de un fracaso escolar, las prevenciones deben darse en todos los ámbitos: en el familiar, en el escolar, en el social y en el ámbito de las políticas educativas. No podemos responsabilizar ni exclusivamente al estudiante, ni exclusivamente a la escuela. Es el resultado de múltiples variables.

Por ello resulta necesario hacer converger los esfuerzos de los equipos docentes de cada escuela para favorecer los aprendizajes, bajo un objetivo claro de monitoreo y de mejora de la calidad institucional. Es imprescindible ofrecer diferentes estrategias que respondan a necesidades individuales y que permitan que “todos” los estudiantes puedan alcanzar, tal vez en diferentes momentos, el nivel de conocimientos y capacidades exigidas para lograr determinados objetivos educativos.

Es fundamental que exista una comunicación fluida entre los diversos miembros de la institución escolar y entre ésta y la familia, para acompañar mejor la trayectoria del alumno. Este seguimiento nos permitirá conocer y comprender sus fortalezas y debilidades para alcanzar los logros propuestos.

Debemos motivar a los estudiantes de tal forma que se siembre en ellos el sentido de responsabilidad y de superarse día a día; de progresar para llegar a ser personas con éxito en la vida.

Es nuestro compromiso diseñar acciones adecuadas para supervisar y contener a los alumnos que presenten mayores dificultades, haciendo hincapié en sus pequeños logros ya que esto aumentará su “autoestima”. La confianza en uno mismo es el secreto del éxito, ya que nos sostiene para llegar a buen término y nos ayuda a enfrentar los retos que se nos vayan presentando.

Vicente Martínez de Ubago Oquendo, pedagogo español, considera vital “invertir en la raíz del problema, que no es otro que tener buenos profesores que sepan enseñar a los alumnos de manera individualizada”. Por eso se necesitan docentes con una buena formación en los profesorados, una capacitación continua y la vocación necesaria para entender a cada alumno y facilitar su particular acceso al conocimiento, agregando esa peculiaridad propia de cada educador que genera una conexión mágica para que se produzca el aprendizaje.

Hoy más que nunca los estudiantes necesitan de aulas llenas de propuestas motivadoras e innovadoras, de espacios y momentos para ponerle palabras a sus sentimientos, a sus opiniones y a sus anhelos. Enseñarles a conectarse con el deseo, con las ganas, con las posibilidades: “yo quiero” “yo puedo” “yo me lo merezco” y de esta manera su motivación aumentará.

Hay una frase de San Francisco de Asís que además de bella y muy cierta, enriquece la mirada anterior: “Empieza por hacer lo necesario, luego haz lo posible y de pronto estarás logrando lo imposible”. 

Llegó el momento de preguntarnos: ¿Cómo hacer para reinterpretar el fracaso?

Creemos que podemos convertir los fracasos en éxitos de diversas  maneras: tomando conciencia de que a veces los resultados llevan más tiempo del que quisiéramos y que no todo depende de nosotros; aprendiendo a pedir ayuda a los demás; teniendo confianza y convicción de lo que queremos lograr y sosteniendo un diálogo interno que invite a la reinterpretación de lo sucedido: ¿Fue un fracaso o un aprendizaje?

Necesitamos desarrollar en nuestras escuelas y universidades programas que involucren la educación emocional de los alumnos, que fomenten la cooperación, la conciencia social, el compromiso y la perseverancia. Mostrarles a nuestros niños y jóvenes historias de éxito de algunas personas, que revelen los supuestos fracasos que debieron atravesar para finalmente triunfar.

El éxito de los logros de aprendizaje dependerá, en gran medida, de la movilización y la participación comprometida de la comunidad educativa, creando un ambiente de confianza, estimulando a los actores, conociendo los acuerdos establecidos e implementando un liderazgo significativo con el único propósito de comenzar a reconocer que el gran desafío es encaminar la tarea educativa hacia la mejora de la calidad.

Ya es tiempo de dejar de hablar de “fracaso” para comenzar a contextualizar la labor educativa festejando los pequeños avances y sosteniendo una mirada atenta y afectiva a lo largo de todo el trayecto para responder de manera adecuada en el momento preciso. De esta manera el alumno encontrará en esa mirada la seguridad que necesita para seguir construyendo su aprendizaje.

Debemos entender que no hay fracasos sino oportunidades de aprendizaje y que el único fracaso es no INTENTARLO.

Las autoras Lic. Norma B. Massa y Lic. Paula M. Mirazón son socias en la consultora de educación  “Educa…mirando al futuro”

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Pasión por enseñar. Pasión por aprender.

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