Gestión

Una Gestión en situación

Cuando la escuela endurece, cuando un devenir se oxida…

Mira lo que le paso a la escuela …mira lo que pasó cuando comenzamos a pensar los problemas que nos atraviesan: cuando se le dijo a esa chica que venga a clases con su bebe (y muchos docentes se opusieron), cuando la cooperativa entró a la escuela para realizar un proyecto juntos, cuando corrimos tras esa joven que escapó de la escuela en un estado de pánico…, cuando dos jóvenes pelearon con armas blancas frente a la escuela….

Estas son algunas de las tantas situaciones que pueden ocurrir en la escuela, en un día común, tranquilo y normal, dirían algunos.   Pero ¿qué es lo normal y tranquilo?  Qué ocurre cuando la situación nos desborda, cuando algo que nunca había pasado, nos descolocó. Muchas historias de vidas transcurren allí en la escuela, y muchas situaciones nos sacuden y nos dejan sin respuestas, acudimos a los reglamentos, al estatuto docente, a los supervisores etc…necesitamos de la respuesta certera que nos permita resolver la situación.

Pero en ese trajín ¿dónde quedó la palabra?, ¿dónde quedaron los cuerpos?, las experiencias de que algo distinto ocurrió y que debemos pensarlo, cuestionarlo y no dar vuelta una página sin realizar al menos una pregunta ¿Por qué pasó esto? Salirnos de respuestas estrictamente institucionales y normativas nos coloca ante la mirada de un otro cuestionador y negador, que sólo encuentra satisfacción en la sanción, es aquí donde interpreto que el devenir se oxida, endurece y reproduce situaciones dadas. Muchas veces se etiquetan a las escuelas por lo que son “esta escuela es…”, también de expresiones “que queres, si es lo que hay…”, pero que hay en ese hay; aquí Silvia Duschazky (2019) nos diría, se trata de pensar la gestión con lo que hay, como una conversión desde la práctica cotidiana para provocar una mutación de estados, una posibilidad de hacer algo con ese devenir que acontece en el espacio escolar.

Si pensamos a la escuela desde su funcionamiento ideal, nos encontraremos en un plano cerrado, donde para cada situación tengo una respuesta, una normativa o un protocolo y la escuela es un devenir constante, es una relación en construcción permanente que atraviesa múltiples existencias y que provocan distintas experiencias.

Cuando caemos en la impotencia de no poder resolver una situación, nos paralizamos y esta tensión muy cotidiana en la escuela genera desgaste, enojo, pero si pensamos desde la potencia de cada situación singular, desde su propia fragilidad y desde la sensibilidad, estaremos disponibles en estar atentos a las resonancias que puedan surgir. Lo que hay es mucho y estar disponible nos permitirá conversar y reencontrarnos con el otro.

Es aquí donde debemos pensar más allá de las situaciones que nos atraviesan, de esos recovecos en los que juntos podemos generar un encuentro distinto con el otro, vivir un tiempo de un encuentro real con el otro en la escuela, en construir aliados con un par docente, hablar de lo sensible, hacer hablar al cuerpo, sin entrar en recetas de “autoayuda”. La escuela es el lugar donde se visibilizan las tensiones sociales, los malestares, un presente de incertidumbre que nos pone en un lugar de generar un encuentro posible ante las situaciones vividas en la escuela.

La escuela ya no puede ser pensada desde una institución disciplinadora como lo plantea, Ignacio Lewkowicz“escuela y ciudadanía. Una relación en cuestión” de Ignacio Lewkowicz. Las interpretaciones acerca de las definiciones filosóficas de la modernidad ya no encajan en las concepciones del hombre en nuestra actualidad, es decir, seguimos pensando en definiciones modernas, cuando el mercado capitalista nos está mostrando que muchos están quedando afuera ante los derechos esenciales para el vivir humano. 

Entonces ante este escenario de mercado capitalista, ¿la escuela de qué manera es habitada? ¿qué respuesta podemos dar ante un mundo tan desigual? ¿dejamos afuera a aquel que no cumple con la norma institucional o buscamos el recoveco a que puedan surgir otras experiencias de superar la anomia que circula en el clima escolar? Pensar nuevos sentidos desde las distintas situaciones que acontecen, por ejemplo, porque negarle a esa joven asistir con su beba a clases, cuando varios docentes desde el discurso moralista y normativo aludieron no ser un espacio habitable para un bebe.

Pero algo interesante surgió en el aula y fue el encuentro entre los mismos compañeros/as de aula de esta joven que quería llevar a su bebe a clases, los chicos hicieron habitable ese espacio para él bebe. Los chicos pensaron en el problema y buscaron una solución, en contraste con los discursos moralistas de varios docentes. De eso se trata de que los jóvenes también nos están mostrando otras reglas posibles de acuerdo a situaciones que las viven, reglas específicas para estar allí, la escuela vive en un contexto diverso de la cual perdió la función instituyente, y nos alejamos de los destinos posibles. 

Pienso que adolescentes y jóvenes necesitan sostener vínculos de confianza y también necesitan confrontarlos, se trata de construir un profesional situado, despojarnos de la profesionalidad para ejercer el oficio de lo que ocurre allí en el aula en este contexto, salirse del rol para pensarse desde otro lugar, desde lo sensible, desde una nueva situación que nos interpela, el problema de los encuentros diría Silvia Duschatzky, generar encuentros posibles de escuchar, de hablar, de sentir. Pensar a la escuela en la inmanencia en la disponibilidad de un encuentro cotidiano.

Bibliografía 

Ignacio Lewkowicz. Escuela y ciudadanía. Una relación en cuestión (2006)

Silvia Duschazky Lo que el saber ignora (2011)

Silvia Duschazky . Desbaratando el lenguaje escolar (2010)

Alejandra Figueroa
Directora de Nivel Secundario – Florencio Varela, prov. de Buenos Aires

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