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Hacia una Innovación educativa

Los cambios vertiginosos del mundo conocido obligan a los sistemas escolares a repensar y rediseñar las prácticas de enseñanza y aprendizaje. Ante nuevas formas de entender y aprehender el mundo, la innovación educativa ofrece nuevas maneras de enseñarlo.

La educación ha cambiado enormemente en los últimos años. La enseñanza clásica y vertical, en la que el profesorado hablaba y el alumnado escuchaba y tomaba notas, ha ido dejando paso a otro modelo. En él tienen cabida, también, el aprendizaje cooperativo, la enseñanza por proyectos y otras metodologías que rompen con el esquema clásico y dotan al alumno de un papel más dinámico.

Ahora bien, cuando se habla de cambio educativo, hay que hacer una reconstrucción de la gramática escolar como de la gramática del cambio (Romero, 2003). En concreto, se tiene que reconstruir la estructura profunda de lo que llamamos cambio educativo teniendo en cuenta que no es apropiado que el cambio se produzca por demolición, sino por reconstrucción. Es importante preguntarse por qué se quiere cambiar y qué se quiere conservar. Este cuestionamiento llega a afectar incluso las metas propuestas, ya que, gracias a la investigación científica sobre el tema, «las expectativas de cambio se han ido tornando más cautelosas, más precisas, en fin, más inteligentes» (Romero, 2003:1). Así como uno de los objetivos es mejorar la escuela y el aprendizaje, también, al investigar sobre los proyectos institucionales se busca mejorar los proyectos. De esta forma, la investigación aporta conocimiento relevante con respecto a las mejoras en la escuela, las mejoras en el aprendizaje y las mejoras en la implementación de los Proyectos.

Romero (2003) señala que la investigación del cambio educativo tiene contenidos transversales, a saber: la capacitación/formación profesional docente, el trabajo en equipo, la generación de nuevas funciones y roles, y la evaluación y la autoevaluación. Al mismo tiempo, muestra que se ha avanzado en el concepto de mejora educativa al integrarlo con el de eficacia escolar. En tanto movimiento teórico-práctico, la mejora de la eficacia escolar pretende conocer cómo puede una escuela llevar a cabo procesos satisfactorios de cambio que incrementen el desarrollo de todos los alumnos mediante la optimización de los procesos de enseñanza y de aprendizaje y de las estructuras organizativas escolares, y aplicar ese conocimiento a una mejora real de la escuela.

Romero (2003) señala que hay dos objetivos fundamentales cuando se habla de mejora escolar. El primero se refiere al desarrollo de los alumnos por medio de la optimización de la enseñanza y del aprendizaje, es decir, que la eficacia y la mejora están implicadas en el proceso de cambio. El segundo se refiere a cómo el contexto, la escuela, el aula/profesorado y los alumnos actúan para favorecer la mejora. «De esta manera, son unidades de análisis fundamentales tanto los resultados obtenidos por los alumnos como la escuela y, dentro de ella, los procesos de enseñanza y aprendizaje que ocurren en el aula» (Romero, 2003: 6). Esta reinterpretación tiene implicaciones en la investigación sobre innovación en la escuela: al momento del análisis, se debe tomar en cuenta tanto la eficacia como la transformación de las estructuras de la escuela.

Aguerrondo (2009) señala que el desafío de las reformas educativas no es entonces qué-escuela-para-el-futuro es la mejor, sino cómo la nueva sociedad resuelve la necesidad de distribución equitativa del conocimiento, qué características tiene que tener dicho conocimiento para que sea socialmente válido y cómo se organiza el entorno social para hacer posible el aprendizaje a lo largo del ciclo vital de sus integrantes.

En este sentido, quizás el tema más difícil de encarar es justamente el que tiene que ver con cómo se define y cómo se conduce el proceso de innovación: dirigir la transformación de la organización es un compromiso concreto de la gestión efectiva, que tiene altos riesgos, ya que debe producirse conjuntamente con el cambio de los modelos de gestión.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se planifica el proyecto educativo anual de cada institución educativa con el formato de “Proyecto Escuela” (P.E.). Esta planificación estratégica una herramienta de gestión, un instrumento para la mejora de la escuela y un medio para abordar sus problemas; es, en suma, el puente que cada escuela tiene entre lo real y lo deseado. No es de menor importancia, que constituye una construcción colectiva en la cual participan todos los actores escolares. Toma como punto de partida la información relevante de un diagnóstico focalizado sobre una problemática pedagógica atendiendo a que implica los procesos de enseñanza y de aprendizaje, el clima y las relaciones institucionales, el contexto y los recursos humanos y materiales con los que cuenta la escuela. El Proyecto Escuela debe apuntar a la Innovación Educativa en la Institución que impacta directamente en el Trabajo por Proyectos de los docentes. Organiza el quehacer institucional y posibilita el acuerdo de líneas de acción acorde a la escuela que se propone alcanzar.

La innovación educativa, entonces, se propone impactar positivamente en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Orienta sus esfuerzos hacia la mejora continua y la transformación constante, en función de mejorar algún aspecto en relación con los colegas, la institución y los alumnos.

Vivimos nuevos tiempos en el área de Educación, especialmente en las primeras etapas. Se buscan nuevos métodos, nuevas estrategias, nuevas vías para conocer y llegar realmente al corazón de los intereses de nuestros alumnos.

Debemos saber que el conocimiento que se origine en el aula se iniciará desde los niños, y no a modo de “imposición” como en el modelo clásico. Se trata de una forma de trabajar por Proyectos en la que se construye el aprendizaje entre todos. Así, podríamos definir estos nuevos Proyectos como investigaciones realizadas en el aula y que suelen surgir con cualquier acontecimiento casual, una experiencia provocada por el docente, un centro de interés que afecta a la vida de la escuela, una idea de un niño, un problema, un acontecimiento con repercusión en la clase, una iniciativa, una visita…

Muchos docentes coinciden ya hoy en esta metodología, pero les envuelven dudas e inquietudes de cómo abordarla; sobre todo en la Educación Infantil. Hay colegas que no dejan de preguntarse ¿cómo nace de los niños el querer aprender sobre un tema en concreto? Y, sobre todo, aunque sea así… ¿cómo el maestro llega a ese punto con su grupo-clase? Esto, es precisamente el arranque de lo que llamamos un Proyecto de Innovación educativa.

Es válido tener temores e inquietudes sobre la capacidad personal para incorporar estas prácticas y sobre sus consecuencias en el resto del equipo. Es valioso mantener el ímpetu y animarse a salir de la zona de confort. Les aseguran que vale la pena.

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María Fernanda Fiore

María Fernanda Fiore es Magíster en Educación (Universidad de San Andrés) - Supervisora Escolar en Ministerio De Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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