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Educación

Leo todo lo que veo. Alcances del Programa +ATR

Breve ensayo de los alcances del Programa +ATR en trayectorias escolares particulares

Olimpiadas Matific 2022 LATAM

Leo todo lo que veo” _dijo, y agregó_” Estoy feliz, gracias Seño”

Se escuchaba su risa emocionada en   el   audio,   y   la   de   alguien   más,   posiblemente   su   madre. Mica, con doce años de edad, no había asistido a la escuela durante el mes de enero. Tampoco había participado del acto de colación con sus compañeros en el mes de diciembre, perdiéndose de vivir otro de los momentos especiales, experiencias, que acontecen en el transcurrir de las trayectorias escolares. Con siete años de permanencia en la institución, Mica no había logrado aprender a leer ni a escribir por sí misma. Tampoco sus hermanos, ni los mayores ni los menores.

Las diversas y constantes intervenciones de la escuela a lo largo de los años no pudieron con la complejidad familiar en un contexto de pobreza material y simbólica que hasta había logrado robarse las sonrisas y las palabras de los niños, especialmente de Mica.

Durante los primeros años de escolaridad, el ausentismo a clases se había tornado crónico y, cuando asistían, Mica y sus hermanos continuaban ausentes más allá de la presencia. Habían perdido la curiosidad y el deseo, dos condiciones indispensables a la hora de aprender.

Recuerdo su mirada temerosa, su silencio profundo, sus resignaciones a modo de adulto ante lo que, tal vez en su cabecita de niña, “no era para ella”.

¿Será que la escuela, toda, no ha podido estar a la altura de las circunstancias? ¿Qué más pudimos haber hecho y no hicimos? ¿O será que la escuela, con este formato escolar, ya no puede sola?

En el mes de septiembre de 2021, y con el retorno a la presencialidad, el Programa +ATR vino a traer luz a esta problemática que muchas escuelas atraviesan y que tiene como protagonistas a nuestros “chicos de 5° y 6° sin alfabetizar”, dato que a las instituciones nos cuesta visibilizar y que el formato que asumió esta política bonaerense permitió reconocer y abordar. En verdad, podemos decir que lo que vino a traer el Programa +ATR fue una intervención precisa y situada en términos de Justicia Educativa.

Mica, como miles de niños y adolescentes de la provincia, fue parte de este Programa, y fue con “su ATR”, con esta docente principiante que asumió el compromiso de alfabetizarla, que ella aprendió a leer.

El programa +ATR asumió el compromiso de palear lo que faltaba, lo que no había podido ser, y lo hizo desde una perspectiva de Justicia Educativa que puede ser enmarcada en términos de lo que autores como Axel Rivas denominan Justicia Compensatoria, dando más a los que menos tienen, dando más tiempo de escuela a quienes no tuvieron escuela. Y eso ha sido muy bueno. Como Mica, son innumerables los ejemplos de logros alcanzados por niñas, niños y adolescentes a lo largo y ancho de la provincia, a partir de las artesanales intervenciones de los docentes del programa.

Podemos decir que el Programa +ATR vino a interpelar a quienes somos parte del sistema educativo, mostrándonos que sumando y mejorando condiciones estructurales todos los chicos y chicas pueden aprender. Posicionados entonces en esta creencia, se hace ahora indispensable trascender el modelo de Justicia Compensatoria para planificar intervenciones en términos de Justicia Pedagógica, entendida por aquella que se materializa en la transformación de las prácticas de enseñanza, corazón de toda condición de educabilidad. Creo que es este nuestro gran desafío como educadores hoy: revisitar el qué y el cómo se enseña en todos los niveles educativos, para pensar desde lo situado qué nuevos actores podrían tal vez ser incorporados a la planta orgánica funcional de cada institución. No obstante, sigo pensando que los “cuándo” y los “dónde” de la escuela tradicional deberían mantenerse. Los chicos y chicas tienen que aprender durante el ciclo lectivo y en la escuela, todos los chicos y chicas en igualdad de derechos y oportunidades. De lo contrario podría suceder que “los empobrecidos” terminen yendo a la escuela los fines de semana y en vacaciones mientras que “los no-empobrecidos”, estudiantes y docentes, disfrutan de ese tiempo de descanso vacacional. Lo que en un contexto de excepcionalidad fue virtuoso, hoy puede mejorar.

“Leo todo lo que veo. Estoy feliz, gracias Seño”

El mundo se ha abierto ante los ojos de Mica. La lectura, derecho que habilita al ejercicio de otros derechos, le devolvió la sonrisa y, sin dudas, la posibilidad de soñar.

El Programa +ATR lo hizo posible.                                                                                                  

Daniela Bocar. Directora EP167

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