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estrategias de enseñanza

Planificar centrando la mirada en los estudiantes

Como profesionales de la educación necesitamos alejarnos de los caminos conocidos y animarnos a transitar por lugares donde no necesariamente seamos los protagonistas.

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Como consecuencia de los múltiples impactos que ha tenido la pandemia, estamos en medio de un proceso de cambios y transformaciones que impactan enormemente en las expectativas sobre el sistema educativo.

El cambio de paradigma impacta de tal forma, que el sistema educativo pensado para la sociedad industrial ha mostrado quedar obsoleto; y está mutando hacia un sistema educativo necesario para la sociedad del conocimiento y la información.

Esto implica cambiar la mirada desde la reproducción de aprendizajes sin significatividad hacia la creatividad y la innovación del conocimiento a partir de la resolución de problemas que impactan en la vida cotidiana de nuestros estudiantes y sus comunidades.

En este sentido, el principal desafío de las prácticas docentes radica en poder trasladar del centro del proceso de enseñanza-aprendizaje a la figura del docente y centrar las propuestas y actividades en los intereses y necesidades estudiantes.

Pero este centramiento en la figura de los estudiantes no debe restringirse a la mera reproducción de contenidos, sino que debe sostenerse en la dinámica de fortalecimiento y desarrollo de habilidades que permitan crear e innovar, es decir, que culminen fortaleciendo la capacidad de aprender a aprender.

El aprendizaje centrado en el estudiante, es una vertiente que ha permitido establecer nuevos modelos de aprendizaje, donde los estudiantes aprenden en la medida que socializan en su entorno, recogiendo experiencias, vivencias, traducidas en conocimientos pertinentes de ser abordados no solo en la escuela, sino en su propia comunidad. De esta manera, se encuentra la investigación como actividad cotidiana del aprendizaje, lo que les permite acercarse al fenómeno de estudio desde sus propias motivaciones, intereses y preocupaciones.

Esto implica considerar la planificación desde la propuesta de Félix Colina Ysea (2015, pág. 191), que plantea: “La planificación docente, se convierte en una herramienta fundamental de acción para organizar y sistematizar el aprendizaje, en atención al contexto social, el diagnóstico de las necesidades, los estadios cognitivos, prioridades e intereses de los educandos, como elementos que se articulan en la enseñanza de manera significativa; vivencial en la estructura cognitiva del educando.”

Este cambio de paradigma, en el cual el valor de los talentos es central, implica concebir a cada una de las disciplinas de enseñanza como una excusa para invitar a los estudiantes a comenzar a recorrer el camino por buscar el conocimiento por ellos mismos con la guía y orientación del docente.

La información está disponible en variedad de formatos y se puede acceder a ella con diferentes dispositivos. Nuestro reto profesional radica en poder motorizar el interés por construir nuevos saberes a partir de los intereses, inquietudes y necesidades individuales y comunitarias con la mirada puesta en la transformación de la sociedad.

Desde sus propias vivencias, los estudiantes tienen la posibilidad de desarrollar y crear nuevos conocimientos y saberes. La tarea del aprendizaje necesita partir de los interrogantes e inquietudes que los movilicen a buscar nuevas respuestas.

En este enfoque, los estudiantes toman un rol protagónico que les permite interactuar entre sí, posibilitando la construcción de una comunidad de aprendizaje, siendo esto propicio desde la perspectiva de la sociedad del conocimiento donde se requiere de estudiantes críticos, reflexivos, desde la continua transformación del conocimiento.

Miguel Martínez (2006, pág. 246) plantea que el rol docente debe “consistir en una postura exploratoria acerca de la compleja, rica y dinámica vida del aula, alejada, por tanto, de la actitud de simple técnico que aplica rutinas preestablecidas a problemas estandarizados.”

Desde esta propuesta, el fin del proceso de enseñanza-aprendizaje-evaluación no es la experiencia misma, sino que la experiencia es el camino y debe ser la práctica habitual para animarse a buscar nuevas respuestas, nuevos conocimientos.

En otras palabras, de lo que se trata es de permitir(nos) innovar, crear, experimentar. Desde y con la experiencia se aprende, no solo información de cada disciplina en particular, sino habilidades y capacidades que facilitan y promueven la búsqueda de más conocimientos interconectados y vinculados.

Este camino de búsquedas del conocimiento no debe encuadrarse en la dicotomía cognición-emoción, o sea, en un ejercicio de sobrevalorar una y descartar la otra. Sino más bien en la posibilidad de combinar ambas en una suerte de interjuego, en la que cada una de las capacidades se puedan yuxtaponer en diferentes tiempos con el foco puesto en la creatividad y en la innovación.

Manuel Macías (2017, pág. 1), plantea que: “El estudiante debe ser protagonista de su propio aprendizaje y debe empoderarse y comprometerse con la actividad intelectual necesaria para asumir la construcción del conocimiento. Debe ser capaz de trabajar en equipo, aprendiendo a argumentar, a resolver problemas y a respetar las ideas de otros, pues es en la interacción en donde se construye una actitud ante el conocimiento, buscando información y comprometiéndose a la resolución de problemas reales y de su medio más cercano.”

Es cierto que no es fácil imaginar cosas nuevas y diferentes si no hay interés y emoción de por medio. Al mismo tiempo que tampoco es fácil producir novedades sin saberes previos. Por esto traemos a colación las reflexiones de Ana Viñals Blanco y Jaime Cuenca Amigo (2016), quienes plantearon: “Los denominadores más comunes que se atribuyen al nuevo rol del docente de la era 2.0 son: organizador, guía, generador, acompañante, coacher, gestor del aprendizaje, orientador, facilitador, tutor, dinamizador o asesor. Estos nuevos roles se asientan en la idea de cambiar la transmisión unidireccional del conocimiento por el intercambio horizontal de información, abundante, caótico y desestructurado. Hoy ya el modelo educativo centrado en el profesor como transmisor de conocimientos estandarizados a una masa de estudiantes (un modelo análogo al de los medios de comunicación de masas) deja de tener sentido (Tapscott, 2009). Los docentes se enfrentan al reto de adquirir unas competencias que les formen para poder ayudar al alumnado a desarrollar las competencias que necesitan: conocimientos, habilidades y actitudes precisas para alcanzar los objetivos que se exigen desde el propio currículo formal (competencia digital y aprender a aprender, entre otras) para lograr adaptarse a las exigencias del mercado laboral, y aún más importante si cabe, para poder descubrir sus verdaderas motivaciones, intereses e inquietudes.”

Por estas razones es que precisamos activar nuestra habilidad pedagógica para pensar alternativas diferentes, que salgan de los lugares comunes, de los caminos que ya se transitaron. En otras palabras, abrirnos paso al mundo de lo desconocido con la actitud de abrir nuevas puertas, de asombrarnos ante lo nuevo y permitir que los aprendizajes puedan suceder.

La tarea que tenemos frente nuestro no es medir con una vara cuántos conocimientos lograron acumular nuestros estudiantes, sino observar la capacidad para desarrollar habilidades para aprender a aprender y para resolver problemas.

Quizás sea tiempo de abandonar el estandarte de la verificación en que nosotros nos formamos en el milenio anterior, y acercarnos a un paradigma que impulse a nuestros estudiantes a buscar diversas maneras de encontrar respuestas ante desafíos planteados.

La principal dificultad que encontraremos frente a este cambio es la debilidad al momento de situarnos frente a un texto (ya sea breve o extenso) al cual no logramos comprender en su totalidad.

Por este motivo, necesitamos acompañar en el camino del descubrimiento aquellos significados de palabras y frases que son extrañas a nuestros estudiantes. Y en ese acompañamiento, mostrarles que nuestro idioma ofrece una riqueza inmensa para describir lo que vemos, sentimos y deseamos.

La lengua como espacio de encuentro entre generaciones, como excusa de acercamiento al otro que es diferente y desconocido, es también la fortaleza con la que contamos al momento de mostrar novedades, informaciones y conocimientos a los más jóvenes.

Esta actitud de animarnos a lo nuevo implica fortalecer las habilidades que promuevan creaciones nuevas, que abran caminos inexplorados, que inviten a elaborar respuestas no conocidas con experiencias anteriores.

Referencias bibliográficas:

Colina Ysea, Félix   (2015). Serie Digital de Divulgación Científica planificación docente e investigación agentes articuladores de la gestión del conocimiento, Editorial Inver-E-Group, Maracaibo, Venezuela.

Martínez, Miguel      (2006). Ciencias y Arte en la Metodología Cualitativa. Editorial Trillas. México.

Macias, Manuel       (2017). El estudiante como protagonista de su propio aprendizaje. Recuperado de https://ineverycrea.mx/comunidad/ineverycreamexico/recurso/el-alumno-como-protagonista-de-supropio/765cad1d-0696-43bb-9add-649a7e1c5650

Viñals Blanco, Ana & Jaime Cuenca Amigo      (2016). El rol del docente en la era digital. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, vol. 30, núm. 2, pp. 103-114, Universidad de Zaragoza. Recuperado de https://www.redalyc.org/jatsRepo/274/27447325008/html/index.html

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