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Educación

Poderoso lenguaje, ¿solo nos comunicamos cuando hablamos?

Los estudios dan cuenta que el 93% del lenguaje es no verbal y solo el 7% representa el lenguaje verbal, en un 50% el habla, y en un 50% la escucha y no de menor importancia el silencio que también comunica.

Hagamos el ejercicio de pensar que alguien con quien tenemos mucha confianza en un contexto de amistad y risas nos dice: – ¡qué mentirosa, no fue así! Y en otro momento, un compañero con quien solo tenemos relación laboral, en una situación de discusión y en tono eufórico dice: ¡qué mentirosa, no fue así! ¿Qué tuvo el mayor impacto – el contenido o la intención?

La pregunta es ¿solo nos comunicamos cuando hablamos? Los estudios dan cuenta que el 93% del lenguaje es no verbal y solo el 7% representa el lenguaje verbal, en un 50% el habla, y en un 50% la escucha y no de menor importancia el silencio que también comunica. Por lo tanto, no solo tiene relevancia el “que digo” sino más aún el “como lo digo”.

Somos agentes conversacionales, la escuela es una red dinámica de conversaciones, por eso tomar conciencia de lo que decimos y poder llevarlo a cabo de la manera más eficaz, repercute en las relaciones humanas y por lo tanto afecta directamente a la convivencia y al clima escolar.

Para comenzar en el camino de la comunicación asertiva lo primero que tenemos que tener en cuenta es “el poder que tienen las palabras, el lenguaje”. Según “que” y “como” digamos generamos realidades para nosotros mismos y para otros. Tomar conciencia, en el rol que ocupamos, se vuelve relevante al pensar que a través de ello podemos motivar, alegrar, dar confianza, abrir posibilidades, generar oportunidades o, exactamente, todo lo contrario.

Algunas cuestiones que podemos tener en cuenta para ir mejorando nuestra comunicación son:

  • Generar un espacio de escucha activa, respetada. Esto quiere decir dejar los distractores de lado, centrarse en el otro, callar las voces internas, para no solo “oír” lo que el otro dice sino también interpretar sus gestos, su tono de voz, su emocionalidad y de esa manera decodificar lo más asertivamente lo que nos quiere expresar.
  • Validar la emoción, y el “sentir” del otro (sin juzgar “como” debería sentirse)
  • Evitar personalizar todo lo que el otro dice.
  • Dejar hablar, evitando las interrupciones. Esperar para poder dar opinión si es que el otro la pide.
  • Evitar rotular (la historia, la emoción, los hechos, etc.) y rotularnos.
  • Comenzar la respuesta, no como verdad absoluta, sino haciendo hincapié que es desde lo que uno piensa: en mi opinión…… desde lo que yo puedo comprender… desde mi punto de vista…
  • Evitar contar tu propia historia, eso haría quitar el foco de lo que el otro te cuenta, para ponerlo en lo tuyo.
  • Intentar escuchar para comprender y no para responder.
  • Recordar que cada opinión o juicio de valor solo le pertenece a quien lo realiza, esto quiere decir que no hablamos de “verdades” sino de diferentes maneras de observar.

Es en Educación donde el valor del lenguaje se ve empoderado, pudiendo mostrar su máximo potencial transformador. Y que los educadores nos hagamos conscientes de ese poder transformador, es una condición fundamental para elevar nuestra valoración en el rol que elegimos cumplir.

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Paula Fortunato

Docente. Coach Ontologico Profesional. Coach educativo. Capacitadora de equipos docentes y charlas para las familias. Coordinadora de Espacio ConoSer.

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