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Alumnos

¿Qué son las Infancias In?

Intolerantes, inseguros, insatisfechos, impacientes, ¿incomprendidos?

La amenaza por la pandemia del Covid 19 durante el 2020 nos obligó a encerrarnos, a mirar el mundo desde una pantalla, a disfrutar del sol y del aire por la ventana y a reencontrarnos en un espacio nuevo a todos los integrantes de un hogar que sólo transitaban por él y soñaban con poder tener más tiempo para compartir. Lo que empezó como una oportunidad para hacer realidad ese deseo se terminó convirtiendo en pesadilla. Padres y madres que trabajaban desde casa sin horarios, la educación escolar como principal foco de problemas y la cantidad de tiempo compartido que se transformó en tortura para grandes y chicos que vivían sin la posibilidad de encontrarse con pares, compartir experiencias y desarrollar habilidades sociales y emocionales.

La pandemia primero nos provocó el miedo a salir, luego a volver a abrazarnos y ahora, casi dos años después, podemos vislumbrar los daños que forjó en la manera de vincularnos, especialmente en los más pequeños.

En su informe “Estado mundial de la infancia 2021” (disponible en https://www.unicef.org/media/108166/file/Resumen%20regional:%20America%20Latina%20El%20Caribe%20.pdf )  UNICEF explica que:

 “existe el riesgo de que la repercusión de esta pandemia cause estragos en la felicidad y el bienestar de los niños y niñas, las y los adolescentes y los cuidadores durante los próximos años, y ponga en peligro las bases que sustentan la salud mental.
Si la pandemia nos ha enseñado algo es que nuestra salud mental es profundamente sensible al
mundo que nos rodea. Lejos de ser simplemente lo que se le pasa a una persona por la cabeza, el estado de salud mental de cada niño y cada adolescente depende mucho de sus circunstancias vitales: las experiencias con sus progenitores y cuidadores, las relaciones que entablan con sus amigos y las oportunidades que tienen para jugar, aprender y desarrollarse”.

Estado mundial de la infancia 2021 – Unicef

La escuela y su función como socializadora fue reemplazada por padres y hermanos (en el mejor de los casos) con poco para enseñar. Se han volcado, entonces, para estar “entretenidos y no molestar” a los videos, películas y series no apropiadas para su edad, así como juegos en línea que requieren de estrategias violentas. Así es que los niños y niñas mas pequeños han desarrollado una forma poco sana de vincularse con otros.

No son todos, pero un puñado de ellos habita en las aulas de nuestras escuelas. Niños y niñas que no pueden convivir pacíficamente con otros, que se enojan con facilidad, que no se adaptan a las normas institucionales, desafían a docentes y padres con tratos violentos y no pueden gestionar sus emociones, poniendo en riesgo el desarrollo integral de todos los habitantes escolares, el ambiente de aprendizaje y generando conflictos a nivel vincular, social y pedagógico. Volviéndolos impacientes, intolerantes a la presencia del otro, incapaces de empatizar, insensibles…

Al respecto, la pedagoga  Linda Lantieri en “Las emociones van a la escuela” (disponible en: https://www.cbtis59.edu.mx/Descargables/Las-Emociones-van-a-la-escuela.pdf ) dice:

“Atender las necesidades sociales y emocionales es de vital importancia. Los estudiantes deben sentirse bien consigo mismos para poder aprender. Si queremos que se arriesguen intelectualmente tenemos que ayudarles a sentirse seguros en la escuela y en el hogar. Cuanto más nos dirijamos a sus necesidades emocionales, menos problemas disciplinarios tendremos. No solo es lo correcto moralmente hablando, es una estrategia para que los niños, además, triunfen a nivel académico”.

Linda Lantieri en “Las emociones van a la escuela”

Los efectos son necesarios y positivos. Así lo manifiestan Natalio Extremera Pacheco y Pablo Fernández-Berrocal en su investigación “El papel de la inteligencia emocional en el alumnado: evidencias empíricas” (disponible en: https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1607-40412004000200005 ):

 “Las destrezas y competencias en Inteligencia Emocional tienen repercusiones reales y positivas en la vida escolar y personal de los alumnos. Los alumnos emocionalmente inteligentes, como norma general, poseen mejores niveles de ajuste psicológico y bienestar emocional, presentan una mayor calidad y cantidad de redes interpersonales y de apoyo social, son menos propensos a realizar comportamientos disruptivos, agresivos o violentos; pueden llegar a obtener un mayor rendimiento escolar al enfrentarse a las situaciones de estrés con mayor facilidad”

El papel de la inteligencia emocional en el alumnado: evidencias empíricas

La escuela tiene como desafío, además de las áreas disciplinares, aportar a la formación emocional para intentar revertir esta situación y “ayudar a la próxima generación a crear herramientas que les permitan cumplir sus sueños, desarrollar su potencial y contribuir de manera significativa al mundo que les rodea.” (Unicef 2021)

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Stella Maris Scornavache

Stella Maris Scornavache es Profesora en E.G.B. 1 y 2 desde hace diecisiete años. Licenciada en Educación. Especialista docente de nivel superior en alfabetización inicial. Diplomada en Gestión de la enseñanza y el aprendizaje y en Educación Sexual integral.

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